lunes, 11 de mayo de 2026

(5) EL ESPÍRITU DE LA COLMENA, de Víctor Erice (1973)

Cine de percepciones y sensaciones
Las sensaciones que recorren el alma en los primeros años de vida son percepciones psicológicas, impresiones que, sin darnos cuenta, van moldeando nuestra personalidad y dan forma a nuestras emociones. La fantasía y la ilusión en la infancia tal vez sean las facultades humanas que más se acercan a la felicidad: de la nada puede salir algo maravilloso porque la imaginación de un niño es el arma más poderosa que existe.
Leyendo el anterior párrafo aparece en mi mente la imagen recurrente de Ana, una de las niñas protagonistas del film. Su mirada —con sus ojos bien abiertos, expresando sorpresa— cuando ve por primera vez la escena de Frankenstein junto con la niña en el estanque, ilustra claramente ese universal imaginario infantil.
El espíritu de la colmena es una auténtica lección de lenguaje cinematográfico. Las secuencias son como estampas de los episodios que transcurren. Ya desde el principio, con los títulos de crédito de los dibujos de las niñas del film, y la fantástica música hipnótica de Luis de Pablo, nos adentramos en un mundo mágico a través de la óptica de las dos niñas. Erice juega con los fundidos y sobre todo con las elipsis. Con esta técnica pretende sugerir y proponer, pero, sobre todo, involucrar al espectador.
“Un lugar de la meseta castellana hacia 1940…” El contexto es francamente duro. Acabada la Guerra Civil, estamos inmersos en un país gris, herido, injusto y controlado. La puesta en escena transmite esa sensación de desasosiego y tristura a través de los primeros planos y grandes planos generales junto con la excelente fotografía de Luis Cuadrado. En ese paisaje se encuentra un microcosmos familiar donde sus elementos se contraponen, especialmente en la relación entre el matrimonio; inexistente y sin ningún tipo de comunicación, y entre las hermanas; una (Isabel) pragmática, y otra (Ana) soñadora. Pero también existen dos mundos entremezclados: la adultez y la niñez. Ambos, tan cerca pero tan distantes, perfilan las bases de esta historia tan sencilla y compleja a la vez que encierra una crítica a un régimen sombrío y turbio.
Las calles de un paisaje yermo teñido de una oscuridad iluminada abren las puertas de la imaginación a través de la proyección del Dr. Frankenstein. La sesión de cine en la sala desolada y maltrecha, pero eficaz, hace que niños, adultos y mayores encuentren un alivio a sus penurias. Mientras Fernando, el padre, continúa ensimismado en sus tareas de apicultor. La voz en off de Teresa, su mujer, con una carta de amor a su amante, nos avisa de la distancia insalvable entre ambos. 
Amor perdido e indiferencia. Escritos inacabados sobre la cría de abejas y aroma de desaliento. Escuela franquista y don José (impensable una doña Josefa o un don José con pene). La casa aislada y la invocación al espíritu. El maquis. La muerte siempre presente en la conciencia de Ana. Su enfado, su rebeldía y su huida. Todo queda en suspenso en un lugar concreto y en un espacio de tiempo determinado. La mirada enigmática de Ana, mirando a la nada, con un significado misterioso y preclaro, a la vez, resume el espíritu poético y filosófico —previo a la autoconciencia— que trata de averiguar el sentido de la vida.

EL ESPÍRITU DE LA COLMENA. 1973. España. Color. 94 Min.
Dirección: Víctor Erice
Intérpretes: Fernando Fernán Gómez, Ana Torrent, Teresa Gimpera, Isabel Tellería, José Villasante, Ketty de la Cámara, Estanis González, Juan Margallo, Laly Soldevila, Miguel Picazo
Guion: Angel Fernandez Santos, Víctor Erice
Música: Luis de Pablo
Fotografía: Luis Cuadrado

sábado, 9 de mayo de 2026

(2) EL JUEGO DE LA OCA, de Manuel Summers (1965)

Volver a la casilla de salida
Esta fue la primera película en España que hizo un acercamiento sobre el adulterio; el director sevillano se convirtió así en un pionero en reflexionar sobre este tema a través del séptimo arte. 
El film arranca con Pablo, un joven dibujante que se enamora de Ángela, una administrativa de la oficina. Sin embargo, Pablo está casado con Blanca, con la que tiene dos hijos. Ángela lo sabe y también está enamorada de él. A partir de ahí, la historia comienza a desencadenar un maremágnum de emociones y contradicciones.
Es importante resaltar que en los años sesenta (de hecho, se mantuvo hasta 1978) el adulterio estaba penado por la ley (ver artículo del Código Penal del Consejo de Ministros presidido por Franco) y reprobado por la sociedad. Aunque, realmente, quien asumía la culpa siempre era la mujer y, además, la infidelidad matrimonial estaba a la orden del día. 
Summers, miembro en la época del “Nuevo cine español” fue muy valiente con esta propuesta por medio de unos personajes que el espectador entiende más por lo que piensan que por lo que hacen.
Pilar Miró y el propio Summers firman un acertado guion en el que se plasman las vicisitudes de esta pareja en el Madrid de los años 60
La película refleja una mezcla entre lo tradicional y lo contemporáneo (a veces, con una España más “moderna” como se puede observar en la agencia de publicidad o en el Café). Gran parte de la historia está contada a base de recuerdos (flashbacks) y deseos de los protagonistas (Summers utiliza —y, a decir verdad, abusa un poco— mucho este recurso, a veces incluso de un modo cómico). 
Los pensamientos lujuriosos de Pablo, sus mentiras, sus incoherencias y su sentimiento de culpa están narrados con unos interesantes primeros planos (sobre todo en el personaje masculino). Por otra parte, el sufrimiento de la amante y la mujer acompaña a todo el metraje en un juego de la oca donde Pablo volverá a la casilla de salida para, tal vez, no jugar más.

EL JUEGO DE LA OCA. 1965. España. Blanco y Negro. 112 Min.
Dirección: Manuel Summers
Intérpretes: Sonia Bruno, María Massip, José Antonio Amor, Julieta Serrano, Pedro Sopeña, Paco Valladares, Juan Luis Galiardo, Ángel Luis Álvarez, Luis Barbero
Guion:  Pilar Miró, Manuel Summers
Música: Antonio Pérez Olea
Fotografía: Francisco Fraile

jueves, 7 de mayo de 2026

(3) EL MUNDO DE APU, de Satyajit Ray (1959)

Camino al autoconocimiento
Como cualquier persona que experimenta el tránsito de la adolescencia a la adultez, Apu mantiene intactos sus sueños los cuales, al igual que en su padre, escoran hacia la intelectualidad y la escritura. 
La sociedad india, con su peculiaridad y su idiosincrasia, ejerce en el protagonista, a pesar de su evidente “occidentalización”, una gran influencia (el hecho de dejarse llevar por lo irracional para contraer nupcias con Aparna es bastante clarificador).
La película en sí es todo un viaje de autoconocimiento; primeramente, en un estado psicológico saludable: estudios, trabajo, abrirse hueco como escritor… y, después, tras la muerte de su esposa y su posterior hundimiento vital.
Como decía, la exploración continúa y las dudas existenciales acerca del sentido de la vida surgen en cada movimiento que realiza en su retiro espiritual. La renuncia a su hijo, el concepto de culpa y las dudas que le van asaltando le llevarán a un camino de angustia y desesperación. 
Apur Sansar cierra fantásticamente esta interesante trilogía de la vida que Satyajit Ray borda con su bello lenguaje técnico y narrativo.

APU SANSAR. 1959. India. Blanco y Negro. 117 Min.
Dirección: Satyajit Ray
Intérpretes: Soumitra Chatterjee, Sharmila Tagore, Alok Chakravarty, Swapan Mukherjee, Dhiresh Majumdar, Sefalika Devi
Guion: Satyajit Ray. Novela: Bibhutibhushan Bandyopadhyay
Música: Ravi Shankar
Fotografía: Subatra Mitra

lunes, 4 de mayo de 2026

(3) SUZHOU RIVER (2000), de Lou Ye

 La sirena del río
Lpoesía, el romanticismo y la ambigüedad nadan en las miserias humanas de las reconocibles aguas del río Suzhou. Una historia de amor verdadera en la que, sorprendentemente, tiene cabida lo más mezquino de nosotros. Sin embargo, la inexorable inherencia de la mafia y de la corrupción, mezclada con asesinatos, no puede aniquilar el aroma soñador y sentimental que desprende la interrelación entre Mardan y Moudan. 
El director documenta la acción y deliberadamente juega con la ambivalencia de los dos personajes femeninos. En ese juego, a nosotros, como espectadores, nos toca interpretar. Y eso es lo que más me gusta de esta película, porque es como un largo romance que nos transporta a la capa más bella de la naturaleza humana, simbolizada en la búsqueda y la inexplicable química entre dos seres humanos.
Algo inquietante, extraño y evocador impregna esta obra, dándole un sutil toque de belleza. No sé qué es, y tampoco quiero saberlo. Solo queda disfrutar de ello.

SUZHOU HE. 2000. China. Color. 83 Min.
Dirección: Lou Ye
Intérpretes: Zhou Xun, Jia Hongsheng, Hua Zhongkai, Yao Anlian, An Nai
Guion: Lou Ye
Música: Jörg Lemberg
Fotografía: Wong Yuk

domingo, 3 de mayo de 2026

(3) LA VIDA DE CALABACÍN (2016), de Claude Barras

Sencilla y emotiva
A través de la animación y la técnica stop-motion, Claude Barras compone un estupendo relato acerca de las carencias afectivas en la infancia. Cabría preguntarse qué se siente cuando en la niñez se desvanece la fantasía y los espacios multicolores se tornan sombríos, o cuando el sufrimiento suple a la diversión. En esta obra tendríamos la respuesta.
La película cuenta la historia de Calabacín quien, después de perder a su madre, ingresa en un hogar de acogida junto a otros niños huérfanos de su edad. La relación con ellos, al principio problemática, se torna catártica porque comparten sus mismos problemas. Será un proceso de conocimiento y desarrollo, donde nuestro protagonista encontrará el amor y la amistad. 
El film, corto (sesenta y seis minutos) pero intenso, aparte de ser un fantástico trabajo formal y técnico, consigue hacer reír y emocionar al espectador. Su sencillez, lejos de alimentar un discurso adocenado, es su mejor arma y nos induce a sumergirnos en unas aguas repletas de vida.

MA VIE DE COURGETTE. 2016. Suiza. Color. Animación. 66 Min.
Dirección: Claude Barras
IntérpretesAnimación
Guion: Céline Sciamma, Germano Zullo, Claude Barras, Morgan Navarro. Novela: Gilles Paris
Música: Sophie Hunger
Fotografía: Animación, David Toutevoix

sábado, 2 de mayo de 2026

(0) RICKY (2009), de François Ozon

Red Bull te da alas
Perdonadme el título de la crítica, pero es que no encontraba otro más acorde para esta chorrada de film. Lo que en un principio parecía —con su prometedor arranque— un retrato social sobre la convivencia en pareja, el trabajo, las dificultades económicas y el núcleo familiar, termina convirtiéndose en un horroroso intento de cine fantástico que en ningún momento acaba de funcionar (¿plagio de Tobi, de Antonio Mercero?). Al final, ante tanto lloriqueo del niño y tanto despegue aéreo, lo único que deseas es que el angelito se disipe en las profundidades del abismo nebular. Irritante.

RICKY. 2009. Francia. Color. 85 Min.
Dirección: François Ozon
Intérpretes: Alexandra Lamy, Sergi López, Mélusine Mayance, Arthur Peyret, André Wilms, Jean-Claude Bolle-Reddat, Marilyne Even, Véronique Joly
Guion: François Ozon, Rose Tremain. Obra: Rose Tremain
Música: Philippe Rombi
Fotografía: Jeanne Lapoirie

viernes, 1 de mayo de 2026

(5) EL ÁNGEL EXTERMINADOR, de Luis Buñuel (1962)

  La imposibilidad de culminar
Englobar, diseccionar y analizar en noventa minutos de metraje todos los comportamientos psicosociológicos del ser humano solo puede estar al alcance de un realizador de la calidad de Luis Buñuel. El ángel exterminador es un film analizable —repleto de infinidad de lecturas— que gana en matices en cada visionado. Es un sugestivo cóctel de comedia, esperpento, drama y absurdidad surreal que da como resultado una ácida y mordaz crítica social enfocada en la alta burguesía
¿Cómo son nuestros comportamientos cuando entramos en una situación angustiosa tal como pasar de una vida de lujo a una de estrecheces? En la película, nuestras miserias quedan al descubierto y, desde lo más profundo de nuestro ser, aparecen nuestros demonios más escondidos.
El mecanismo psicoanalítico de no poder salir actúa como representación de la incapacidad por culminar aquello que tenemos entre manos, una especie de procrastinación que nos impide abrazar lo importante para arrinconarnos en lo superficial de nuestra existencia. 
Los protagonistas, dada la clase social a la que pertenecen, necesitan un orden y una racionalidad que den un sentido a sus cómodas vidas. Sin embargo, es entonces cuando aparece la abulia que —junto al caos que supone para ellos romper las rutinas categorizadas en sus esquemas mentales— les llevará hacia la más oscura irracionalidad (peleas, conjeturas, matar al anfitrión…). Al final, la posición exacta de cada uno de ellos (el orden antes mencionado) será una liberación momentánea (tal y como nos pasa en nuestro periplo vital).
La intuición (de los cocineros que salen antes de la cena), la repetición (diálogos y frases), los símbolos (animales, las imágenes oníricas y las patas de pollo) son constantes que Buñuel maneja de manera magistral en cada escena, simbolismo que ayuda a analizar los contrastes y complejidades que el ser humano encierra.
Obra maestra del realizador aragonés, atrayente e hipnótica, sujeta a multitud de interpretaciones.

LOS OLVIDADOS. 1962. México. Blanco y Negro. 90 Min.
Dirección: Luis Buñuel
Intérpretes: Silvia Pinal, Enrique Rambal, Lucy Gallardo, José Baviera, Augusto Benedico, Antonio Bravo, Jacqueline Andere, Luis Beristáin, Claudio Brook, César del Campo, Rosa Elena Durgel, Enrique García Álvarez, Ofelia Guilmáin, Nadia Haro Oliva, Tito Junco, Xavier Loyá, Ofelia Montesco, Xavier Massé
Guión:  Luis Buñuel, Luis Alcoriza
Música: Raúl Lavista
Fotografía: Gabriel Figueroa

Críticas de Luis Buñuel (clicar en este mismo enlace para leer las críticas)