martes, 4 de agosto de 2026

(3) AVARICIA, d'Erich von Stroheim (1924)

La esclavitud del dinero
Si hacemos un análisis de la historia de la humanidad, llegamos a la triste conclusión de que nuestro comportamiento gira en torno al rédito económico. Desgraciadamente, hasta nuestros días ha imperado la persecución de dicho beneficio mediante la especulación: una especie de capitalismo financiero cuyo único objetivo es el amasamiento de dinero para el enriquecimiento personal. 
Aplastar a unos para que otros puedan vivir bien: esa es la consigna. Nos encontramos, pues, con que hemos pasado de la búsqueda de la verdad en la Antigüedad a la del capital; esto es, de la filantropía a la misantropía.
Erich von Stroheim consigue con Avaricia un fiel reflejo de lo comentado. Una obra atemporal que muestra de manera muy directa todas las pulsiones internas agresivas del ser humano en pos del materialismo. Una actitud que antepone el individualismo a la colectividad.
La película reflexiona acerca de esa obsesión adictiva que da lugar a la corrupción y a la envidia, capaz, además, de romper relaciones interpersonales y vidas. Las imágenes del film, al igual que su guion, están teñidas de una hosca profundidad en las que se extrae, desde lo más subrepticio de nuestro ser, esa absurda obstinación por complicarnos la existencia.
Sus imágenes estremecedoras —fantástica la escenografía y las expresiones interpretativas de sus protagonistas—, con un mensaje negativo y real al mismo tiempo, dotan a la cinta de una honda profundidad. Cabe destacar también el innovador uso de detalles metafóricos y premonitorios como el entierro que aparece detrás del casamiento o el ataque del gato a los periquitos.
En definitiva, una cinta didáctica y reflexiva que debe verse.

GREED. 1924. Estados Unidos. Blanco y negro. 125 Min. Cine mudo.
Dirección: Erich von Stroheim
Intérpretes: Zasu Pitts, Gibson Gowland, Jean Hersholt, Dale Fuller, Tempe Pigott, Sylvia Ashton, Chester Conklin, Joan Standing
Guion: Erich von Stroheim, June Mathis. Novela: Frank Norris
Fotografía: William H. Daniels, Ben Reynolds

lunes, 3 de agosto de 2026

(2) LA GRAN MENTIRA, de Rafael Gil (1956)

Jugando sucio
Como espectadores, nos sentamos en la butaca o en el sofá de casa y vemos el resultado final de cualquier producción. No somos conscientes, sin embargo, de todo lo que se oculta detrás de la gran pantalla: dónde y cómo se ha grabado la cinta, las relaciones interpersonales en el rodaje o los requisitos contractuales y sus consecuencias. Al hilo de lo comentado, este film hace una interesante denuncia del "juego" que se cuece en la industria cinematográfica (en este sentido, la obra es atemporal). De esta manera las envidias, las traiciones, el abuso de poder y el monopolismo del cacique de los Estudios Sándalo (quien prioriza el negocio en detrimento del arte), son las que predominan en un contexto cada vez más deshumanizado.
En la misma trama se entremezcla la historia de Teresa Campos, una maestra de escuela con diversidad funcional que vive en un pueblo a 300 km de la capital.  Ésta es instrumentalizada por César Neira —actor en horas bajas y vetado por la industria— quien intenta relanzar su carrera utilizando a la maestra y al sentimiento emocional del público. Desde este punto de vista recuerda a Calle Mayor, de Juan Antonio Bardem, donde se pone de manifiesto la crueldad del ser humano. En aquella; para divertirse, en ésta; para sacar beneficio económico y social.
En este aspecto crítico, junto con los toques de humor donde incluso se ríen de ellos mismos (el apunte sobre el cine religioso sobre el tándem Escrivá-Gil), se encuentra, en mi opinión, el punto más interesante de la película. Lo demás ya flojea bastante, especialmente la relación almidonada de la pareja protagonista y algunos giros de guion que parecen estar introducidos con calzador. El final, muy forzado, es bastante inverosímil y con moralina, pero no hay que desdeñar este trabajo: su reflexión sobre la gran mentira, la metáfora ficción versus realidad, la manipulación perversa y la cosificación humana son elementos muy bien tratados en este discreto, pero estimable film.

LA GRAN MENTIRA. 1956. España. Blanco y negro. 100 Min.
Dirección: Rafael Gil
IntérpretesFrancisco Rabal, Madeleine Fischer, Jacqueline Pierreux, Manolo Morán, Juan Calvo, Rafael Bardem, Irene Caba Alba, Milagros Leal, Rafaela Aparicio, Ángel de Echenique, Ángel Jordán, José Ramón Giner, Bobby Deglané
Guion: Vicente Escrivá, Ramón D. Faraldo. Historia: Vicente Escrivá
Música: Jesus Guridi
Fotografía: Alfredo Fraile, Federico G. Larraya

domingo, 2 de agosto de 2026

(3) SÓLO LOS ÁNGELES TIENEN ALAS, de Howard Hawks (1939)

Entre el amor y la muerte
Allá donde la muerte es costumbre y se sobrelleva el duelo de forma extravagante se encuentra Geoff Carter, gerente de un servicio de transporte aéreo de mercancías ubicado en La Barranca, ciudad portuaria a orillas del Pacífico, hacia los Andes sudamericanos. Los pilotos tienen un trabajo de riesgo extremo, suplantado por la filosofía de vida —entre la indefensión aprendida, la resignación y lo festivo— que adoptan los dueños y empleados de la compañía. Bonnie Lee, una corista que está de vacaciones, se queda muy afectada por ese contraste tan marcado. Pero al mismo tiempo se enamora perdidamente de Geoff, un hombre complejo, duro y que parece tener pocos sentimientos.
En ese microcosmos se desarrolla la estructura argumental. Historias de amor presentes (Geoff y Bonnie), relaciones pretéritas (Geoff y Judy), lazos fuertes de amistad (Geoff y Kid) y asuntos escabrosos del pasado: Bat Kilgallen y Kid (cuando dejó morir a su hermano en un accidente aéreo).
El caso es que toda esa mezcolanza —que en un principio parece tener poco arreglo—, gracias a su excelente guion, permanece ordenada y con las piezas encajadas durante todo el metraje. Y es que con esta obra puedes reírte con su ironía y comicidad, pero también puedes indignarte con las malas condiciones laborales de los pilotos. Como la vida misma, la dicha y la desdicha se encubren una a otra, pero en este contexto de forma más acentuada.
Hay que decir que chirría un poco, con el atenuante de la época, el papel secundario que desempeña la mujer (siempre supeditada al hombre), así como el exceso de testosterona de algunas escenas. Esto no es impedimento para afirmar que estamos ante un film tan volcánico como pasional, y que emana una gran fuerza cautivadora.

ONLY ANGELS HAVE WINGS. 1939. Estados Unidos. Blanco y negro. 121 Min.
Dirección: Howard Hawks
Intérpretes: Cary Grant, Jean Arthur, Rita Hayworth, Thomas Mitchell, Allyn Joslyn, Richard Barthelmess
Guion: Jules Furthman
Música: Dimitri Tiomkin
Fotografía: Joseph Walker

sábado, 1 de agosto de 2026

(4) RIFIFÍ, de Jules Dassin (1955)

Lección de cine noir
Les películas que abordan temas relativos a delitos de robo o a organizaciones criminales mafiosas suelen dejar un halo de romanticismo en el espectador. Sin embargo, hay que reconocer que la realidad es totalmente distinta porque, de alguna manera, nos sentimos ajenos al modo de vida de unos personajes que, aunque podamos comprender e incluso empatizar con ellos, los tratamos como seres mitológicos una vez nos ausentamos de la sala de cine.
Desafortunadamente, el crimen organizado tiene su espacio y la temática no es en absoluto baladí. Es por eso por lo que una función muy importante de los responsables de estas obras es alejarse de la frivolidad y realizar un análisis profundo de la psicología de los personajes. 
Nos podríamos preguntar qué es lo que lleva a un ser humano a jugarse la vida de esa manera, cuáles son sus sentimientos, sus virtudes, sus debilidades o si valoran nociones como la amistad, el amor, la empatía o la familia. Por suerte, Jules Dassin contempla y reflexiona sobre esos aspectos. De esta manera, en la película aparecen un padre de familia, un experto en vaciar cajas fuertes —enamoradizo y vulnerable con las mujeres— y un ladrón que, tras cinco años en prisión, quiere cambiar de vida y que se encuentra con que su amante está con un conocido gánster. Esta tríada se enfrenta a mafiosos ambiciosos, sin escrúpulos y, algunos de ellos, con problemas con las drogas. Algo así como un partido del pretendido bien contra el histórico mal, con la guadaña como trofeo para la mayoría.
El oficio del director estadounidense —afincado por entonces en París huyendo de la caza de brujas del senador McCarthy— es rotundamente visible: ritmo ágil, imágenes atractivas y escenas muy bien estudiadas como la del boquete que realizan desde el piso de arriba. Elementos que refuerzan los aspectos íntegramente humanos que la película resalta, ya sea la amistad de Stéphanois con Carl, la lucha por la recuperación del niño o las implicaciones emocionales de los protagonistas. Humanidad que contrasta con la violencia explícita imperante (maltrato físico o disparo a un indefenso).
Rififi es una obra bien narrada y muy trabajada (magistral la escena silenciosa del robo) con unos resultados más que satisfactorios porque maneja conceptos tan necesarios en el mundo cinéfilo como son el entretenimiento, la calidad, la complejidad y la profundidad. Ahora bien, hay algún punto negro que no me gustaría dejar pasar por alto como es la marginación, y la violencia de género en particular (detestable la escena del maltrato con la correa) y la misoginia en general. Tal vez sea injusto escribir esto desde esta posición, contexto y época, porque en los años cincuenta era una cuestión normalizada. En estas líneas, queda reflejada, al menos, una sociedad huérfana de igualdad de derechos para las mujeres.

DU RIFIFI CHEZ LES HOMMES. 1955. Francia. Blanco y negro. 117 Min.
Dirección: Jules Dassin
Intérpretes: Jean Servais, Carl Mohner, Robert Manuel, Jules Dassin, Marie Sabouret, Janine Darcey, Magali Noël, Pierre Grasset, Robert Hossein, Marcel Lupovici, Claude Sylvain, Dominique Maurin
Guion: Jules Dassin, René Wheeler, Auguste Le Breton
Música: Georges Auric
Fotografía: Philippe Agostini

viernes, 31 de julio de 2026

(3) EL MILAGRO DE ANA SULLIVAN, d'Arthur Penn (1962)

Determinación y educación
Nada es imposible con determinación. No sé dónde he oído esta frase; lo que sí sé, sin embargo, es que guarda una gran parte de verdad. La misma determinación que demuestra Anne Sullivan —la maestra contratada por la familia— a la hora de educar a Helen, una niña sorda y ciega que, dada su incapacidad para comunicarse, vive atrapada en su propio aislamiento. Con mucha perseverancia y esfuerzo, da la vuelta a la situación y hace entender a la familia que el verdadero problema no reside en su diversidad funcional, sino en una manera de educarla demasiado indulgente y condescendiente.
Impresiona observar el trabajo que realiza para transformar unos hábitos y unas costumbres profundamente arraigados en la personalidad de Helen. A pesar de los obstáculos que encuentra en su entorno, aplica una metodología meticulosa y planificada. Es un proceso lento, pero intenso, que va calando en la figura de la educanda. Por eso, considero que la película es —en este sentido— un auténtico ensayo de pedagogía.
Esta obra también tiene un desarrollo paulatino. Los sentimientos de los padres hacia la hija cambian cuando se dan cuenta de sus limitaciones. Hay un antes y un después de la llegada de Anne a la casa: ¿qué hubiera sido de la vida de Helen si no hubieran buscado ayuda? Los inicios son francamente difíciles, pero la situación cuenta con la baza de que Anne había sido también ciega en su infancia. Esto —y su pericia en la aproximación para construir y estructurar su personalidad— hará que su  esfuerzo tenga resultados. Además, en su proceso de enseñanza-aprendizaje se le da una importancia capital al lenguaje y a la comprensión de su significado, algo que Anne persigue obsesivamente. La oposición de los padres es cada vez más fuerte, más aún cuando se dan cuenta de que Helen ya obedece a las normas. Actos como abrazarla, mimarla o recompensarla con un dulce hacen que el proceso involucione. Por el contrario, actos tan forzados y tan eficaces a la vez como hacer entender y enseñar que Helen coma bien y doble la servilleta revertirán la situación. El poder de convencimiento de Anne es crucial y el llevársela dos semanas a la cabaña será determinante.
Todos estos aspectos reflejan un proceso progresivo que va de menos a más y acaba con éxito. Lo que demuestra la importancia de una educación especial de calidad. Ahora bien, estamos hablando de finales del siglo XIX, tiempo en el que estos temas estaban todavía en pañales.
El guion es una adaptación de la obra teatral homónima, aspecto que se manifiesta en la puesta en escena. Los elementos fílmicos se ajustan perfectamente a la trama: la atmósfera, la escenografía, la música y unas portentosas interpretaciones de Anne Bancroft y Patty Duke.
Me parece muy emocionante la última escena. Es el momento en que se produce el insight de la niña y en ese preciso instante se entrelazan la comprensión de las enseñanzas de la maestra y el amor incondicional de los padres.
La película está basada en una historia real, la de Helen Keller, quien continuó con la maestra hasta la muerte de ésta y se convirtió, además de en activista política, en la primera persona sordomuda en sacarse un título universitario. Publicó artículos y libros sobre su propia experiencia. Lo dicho: determinación y educación.

THE MIRACLE WORKER. 1962. Estados Unidos. Blanco y Negro.. 107 Min.
Dirección: Richard Linklater
Intérpretes: Anne Bancroft, Patty Duke, Inga Swenson, Andrew Prine, Kathleen Comegys, Victor Jory
Guion: William Gibson. Teatre: William Gibson
Música: Laurence Rosenthal
Fotografía: Ernesto Caparros

jueves, 30 de julio de 2026

(3) ANTES DEL AMANECER (BEFORE SUNRISE), de Richard Linklater (1995)

El sentimiento amoroso
Todo ocurre en un espacio corto de tiempo, alrededor de un día, cuando dos jóvenes se encuentran en un tren con destino a París. Se trata de Céline, una estudiante francesa, y de Jesse, un estadounidense que viaja por Europa tras ser abandonado por su pareja. Al llegar a Viena, Jesse debe bajar porque al día siguiente debe regresar a su país, pero convence a Céline para que pase el resto del día y la noche (ya que no tiene dinero para un hotel) con él en la ciudad.
Ambos comienzan a pasear por las calles, visitando sitios emblemáticos y hablando con una mezcla de humor y profundidad sobre temas relacionados con la muerte, la relación de pareja (la transitoriedad y la incertidumbre del amor), la vida y el sexo.
Aunque acompañado por unos paisajes vieneses preciosos, es una película con mucho diálogo y con dos únicos protagonistas. Esto, que en un principio podría parecer aburrido, es todo lo contrario gracias a un guion muy cuidado que habla —con aire distendido— de temas existenciales. Pero, además, detrás hay una bella historia de enamoramiento, de mutuo descubrimiento entre dos personas jóvenes que conectan desde un principio y que se gustan. No hace falta explicarlo mucho. Todo el mundo ha experimentado esa sensación de entendimiento especial que se establece entre dos personas recién conocidas. La trama tiene, por tanto, un halo de romanticismo impregnado de sentimiento. Lo más apasionante es que, en calidad de espectadores, también experimentamos esa sensación que tienen los enamorados de estar volando, que el mundo es solo para ellos y que compartir veinte horas juntos no es suficiente porque el tiempo, aparte de parecer escaso, pasa muy rápido. Creo que esto es un gran acierto de la película.
Aparte, me gustaría destacar los recursos fílmicos tan inteligentes que utiliza, con escenas memorables como cuando se sinceran a través del juego del teléfono con la ficticia conversación que mantienen con sus amigos. Así como la aparición de distintos personajes heterogéneos y su simbolismo: la pitonisa y el polvo cósmico, el mendigo poeta y los versos intuitivos y la bailarina y la germinación del amor. De esta forma, el film va haciendo una especie de confrontación entre la óptica masculina y femenina (en ese aspecto se puede advertir el gran trabajo de Richard Linklater y Kim Krizan en el guion).
El sentimiento amoroso nace de la atracción que sentimos hacia otra persona y en esta historia pasa por dos fases. La primera es la atracción física (por eso ella se sienta cerca de él en el tren) y después la atracción psicológica, que tiene su punto álgido en la bellísima escena cuando están escuchando la fantástica canción de Kath Bloom “Come here”, que invita a un acercamiento físico entre la pareja. 
En su final, podemos ver las huellas que han dejado ambos en los escenarios que han visitado. Su despedida evoca un aire de nostalgia. Sin embargo, ellos no son como una pareja estándar. No se escribirán, no se telefonearán; simplemente se encontrarán de nuevo en Viena en seis meses. ¿Lo cumplirán?

BEFORE SUNRISE. 1995. Estados Unidos. Color. 101 Min.
Dirección: Richard Linklater
Intérpretes: Ethan Hawke, Julie Delpy, Hanno Pöschl, Dominik Castell, Erni Mangold
Guion: Richard Linklater, Kim Krizan
Música: Fred Frith
Fotografía: Lee Daniel

miércoles, 29 de julio de 2026

(3) EL CÍRCULO ROJO, de Jean-Pierre Melville (1970)

Cine para saborear
Concebida con una minuciosidad y una paciencia extraordinarias, esta película —esmerada y pensada hasta el más mínimo detalle— combina contenido propio y ejercicio de estilo.
Desde el inicio acompañamos a su protagonista, Corey, en un viaje que mantiene la incertidumbre hasta el último momento mediante una construcción fílmica que nos atrapa cada vez más a medida que avanza el metraje. De este modo, los planos generales, los silencios, la larga escena del robo y la intriga de la historia son elementos que, entremezclados con el fantástico elenco actoral (juntar a Delon, Volonté y Montand es una auténtica locura), nos conducen a disfrutar de este ejercicio de buen cine. 
Una obra para saborear —ya que gana en matices con cada visionado— y para revisitar: disfrute asegurado.

LE CERCLE ROUGE. 1970. Francia. Color. 140 Min.
Dirección: Jean-Pierre Melville
Intérpretes: Alain Delon, Bourvil, Gian Maria Volonté, Yves Montand, Paul Crauchet, Paul Amiot, Pierre Collet, André Ekyan, Jean-Pierre Posier
Guion: Jean-Pierre Melville
Música: Eric Demarsan
Fotografía: Henri Decaë