lunes, 27 de julio de 2026

(4) EL HOMBRE Y EL MONSTRUO, de Robert Mamoulian (1931)

Nuestro punto oscuro
El doctor Jekyll, tanto en la vertiente científica como en la psicológica, tenía toda la razón: todo el mundo tiene un punto oscuro, gamberro y depravado que, en la mayoría de los casos, permanece adormecido en nuestro interior. “Una parte buena y una parte mala”, decía en la conferencia que hace al principio de la película (nadie imaginaba entonces hasta dónde podía llegar el científico).
Pero, pensándolo bien, es verdad: ¿cómo sería el comportamiento si nuestro yo impulsivo guiara nuestras acciones? De hecho, nuestra vida es una continua pugna entre nuestros yoes. Tiene mucho que ver este relato de Stevenson con las posteriores doctrinas freudianas: el inconsciente, los deseos reprimidos y el desdoblamiento de la personalidad en el Ello y en el Yo.
Jekyll vive en aras de la ciencia. Aunque está enamorado y a punto de casarse, supedita su propia vida a sus estudios. El resultado es un constante sufrimiento del protagonista y de todas las personas que están cerca de él.
La adaptación que realiza Rouben Mamoulian es francamente admirable, tanto desde un punto de vista formal como de contenido. Estéticamente, el film cuenta con una inquietante puesta en escena, con una fotografía con tintes expresionistas y una adecuada utilización de las sombras y las luces que acompañan a una atmósfera perturbadora. Además, me parece una narración muy valiente porque pone sobre la mesa aspectos como la sexualidad (no se ve ningún rubor en las escenas más comprometidas), la infidelidad, la violencia, el existencialismo filosófico o la disyuntiva sempiterna entre ética y ciencia
Aparte de todo esto, es una película muy entretenida que te conmociona y que cuenta con unas excelentes interpretaciones, especialmente la de su protagonista Fredric March, con la dualidad tan dispar que representa para reflejarnos en ella, porque todos tenemos un poco de Jekyll y de Hyde.

DR. JEKYLL AND MR. HYDE. 1931. Estados Unidos. Blanco y Negro. 98 Min.
Dirección: Robert Mamoulian
Intérpretes: Fredric March, Miriam Hopkins, Rose Hobart, Holmes Herbert, Halliwell Hobbes, Edgar Norton, Tempe Pigott
Guion: Samuel Hoffenstein, Percy Heath. Novela: Robert Louis Stevenson
Música: Herman Hand, Rudolph G. Kopp, John Leipold, Ralph Rainger
Fotografía: Karl Struss

domingo, 26 de julio de 2026

(1) CUÑADOS, de Toño Lopez (2021)

Combinación fallida
Comprendo que resulta complicado lograr el éxito en cualquier obra artística porque se requiere que todas las piezas encajen de manera adecuada. Para ello es necesario contar con oficio, habilidad y saber tomar las decisiones acertadas. Lamentablemente, estos aspectos no se encuentran presentes en la obra en cuestión, puesto que intenta combinar comedia con elementos de cine policiaco y se ve sobrepasada por su propio argumento. A pesar de algunos gags acertados, su desordenada narración confunde al espectador generándole indiferencia. También hay que decir que la falta de una buena interpretación no contribuye a mejorar la situación. Fallida. Otra vez será.

CUÑADOS. 2021. España. Color. 91 Min.
Dirección: Toño Lopez
IntérpretesXosé A. Touriñán, Miguel de Lira, Federico Pérez Rey, Eva Fernández, Iolanda Muiños, María Vázquez, Mela Casal, Paku Granxa, Manolo Cortés, Brais Yanek, Patricia Torres, Ivo Bastos
Guion: Araceli Gonda, Pepe Coira, Jorge Coira, Alfonso Blanco
Música: Santi Jul, Iván Laxe
Fotografía: Jaime Pérez Fernández

miércoles, 22 de julio de 2026

(4) PENA DE MUERTE, de Tim Robbins (1995)

La pena capital: termómetro de salud mental
La mirada clavada de Sean Penn en los ojos de Susan Sarandon en los segundos previos a su ejecución, sus palabras de amor hacia ella y, por extensión, al mundo que está a punto de abandonar, es el último golpe —el más duro— durante el visionado de este film, a nuestra conciencia. Y es que el valor más destacable de esta obra es su constante martilleo en la mente del espectador y su —necesaria— incomodidad, en la que es difícil posicionarnos a favor de unos o de otros. Así, podemos sentir una mezcla de compasión y repulsión por Matthew Poncelet, ver a los padres como intolerantes, pero, al mismo tiempo, comprenderles perfectamente o experimentar sentimientos de afectividad y de rechazo hacia Helen Prejean ante su descontrolada benignidad. El resultado es un constante maremágnum de contradicciones ante las acciones de cada uno de los implicados en la historia.
Tim Robbins realiza un trabajo valiente, sin esconder absolutamente nada y exponiendo abiertamente una realidad cruda y desnuda: la del asesinato despiadado, la de la interrupción definitiva —homicida y abrupta— del futuro de dos jóvenes de dieciocho años, la del sufrimiento eterno de los padres, la de la muerte de un hijo, la de la disyuntiva por considerar a un criminal como a un ser humano… Muchas cosas por entender, muchas cosas por analizar: el perdón, la redención, la culpa, la paz interior…, conceptos que se interponen y se molestan entre sí para llegar a una reflexión que únicamente se puede resolver a través de nuestros conflictos internos.
Por otra parte, existe en la película una manifestación externa y objetiva como es la pena de muerte, y he aquí el dilema: ¿tiene un Estado derecho a quitar la vida a sus habitantes independientemente de los crímenes o delitos que hayan cometido? 
El film, aparte de reflexionar sobre cada uno de los aspectos y efectos colaterales que desfilan alrededor de este castigo, muestra un contundente alegato contra la pena capital. La cinta tiene un fantástico pulso narrativo, utiliza flashbacks que actúan como canalizadores de la culpa (Poncelet, reconstruyendo los hechos, y Prejean, matando al animal en su infancia) y cuenta con las estupendas interpretaciones de Sean Penn como acusado y de Susan Sarandon como monja, alejada de la religiosidad oficial y cercana a la teología de la liberación. Nos enseña a comprender, a perdonar y a apagar nuestro odio y nuestra ira; en definitiva, a amar. Hay que verla. Muy emotiva.

DEAD MAN WALKING. 1995. Estados Unidos. Color. 120 Min.
Dirección: Tim Robbins
Intérpretes: Sean Penn, Susan Sarandon, Robert Prosky, Raymond J. Barry, R. Lee Ermey, Celia Weston, Peter Sarsgaard, Jack Black, Lois Smith, Scott Wilson, Roberta Maxwell, Margo Martindale, Kevin Cooney, Clancy Brown, Barton Heyman, Michael Cullen, Missy Yager, Nesbitt Blaisdell
Guion: Tim Robbins. Libro: Helen Prejean
Música: David Robbins
Fotografía: Roger Deakins

martes, 21 de julio de 2026

(3) BRAVA, de Roser Aguilar (2017)

Heridas interiores
Janine es una persona comedida. Trabaja en un banco, tiene un trabajo estable y una economía. Ha conseguido las metas que en un principio se propuso. Sin embargo, se siente como desconectada del mundo, vacía y con una vida en pareja insípida (esta es mi percepción en los primeros instantes del film). 
La cosa se agrava cuando llega la agresión sexual y, en este sentido, la película muestra una propuesta de denuncia muy valiente ante el desamparo al que se ve sometido el género femenino ante esta injusticia social.
Bloqueada, llena de remordimientos por callar al ser testigo de la violación posterior de la joven, Janine huye. En su retirada visita a su padre y encuentra a una persona con la que presuntamente encaja: Pierre, su álter ego. No obstante, con lo que se topa es con un ser marcado, herido emocionalmente y fracasado como padre de familia. Ante los dos aparecen falsas esperanzas que se entrecruzan con explosiones primitivas. 
La obra contiene acertadísimos apuntes sobre las voliciones y las pugnas que se encuentran en el mundo interior de la protagonista (el seguimiento de la prostituta y de Pierre) y una interesante contraposición con el objeto de averiguar la crisis personal de Janine, esto es: la divergencia que existe entre la “teoría” del padre y la “sensación” de Pierre. En esa dicotomía gana el amigo de la familia, pero Pierre es más toxicidad si cabe y su padre, cual poesía de Goytisolo, es el remanso de paz que necesita, ayudándola a salir de su desesperación. Magnífica interpretación de Laia Marull.

BRAVA. 2017. España. Color. 91 Min.
Dirección: Roser Aguilar
IntérpretesLaia Marull, Bruno Todeschini, Emilio Gutiérrez Caba, Sergio Caballero, Francesc Orella, Maria Ribera, Mikel Iglesias, Roger Príncep, Aino Sirje
Guion: Roser Aguilar y Alejandro Hernández
Música: Vicente Barrière
Fotografía: Diego Dussuel

lunes, 20 de julio de 2026

(3) EL SECRETO DE VIVIR, de Frank Capra (1936)

Triunfo del idealismo
Longfellow Deeds es un joven idealista, poeta y músico que toca la tuba y vive felizmente en un pueblecito pequeño en Vermont, en mitad de la Gran Depresión. Inesperadamente, hereda una enorme fortuna de veinte millones de dólares de un tío lejano, Martin Semple. El abogado de su tío, John Cedar, le localiza y le lleva a la ciudad de Nueva York.
Este es el punto de partida de esta película que, además de conjugar divinamente el drama y la comedia con apuntes humorísticos muy ingeniosos e inesperados, hace una interesante contraposición entre el bien y el mal (el altruismo del personaje principal frente a la ambición de abogados y periodistas). De alguna manera, su guion —como también su protagonista— es utópico y quijotesco, pero por otra, muestra toda la vileza que es capaz de aplicar el ser humano para sacar rédito económico. Como la vida misma, se intenta instrumentalizar la ingenuidad para poder sacarle beneficio, y la avaricia —connatural a la especie humana— emerge como monstruo devorador. En medio, existe una historia de amor, una rectificación (¿la maldad inherente a nuestra idiosincrasia?) y, por tanto, una metamorfosis y un cambio de conciencia.
Creo que todo lo que pone sobre la mesa el director puede cuestionarse y discutirse: ¿son realmente verosímiles la bonhomía y el altruismo del protagonista hacia los más desfavorecidos? Sin embargo, lo que es incontestable es que Frank Capra crea una historia y unas imágenes poderosas. Técnica y narrativamente es impecable. Y yo me la creo (especialmente cuando denuncia las desigualdades sociales), me emociona y me hace reír. Gran film.

MR. DEEDS GOES TO TOWN. 1936. Estados Unidos. Blanco y Negro. 120 Min.
Dirección: Frank Capra
Intérpretes: Gary Cooper, Jean Arthur, Lionel Stander, Douglass Dumbrille, Raymond Walburn, George Bancroft, H.B. Warner, Ruth Donnelly
Guion: Robert Riskin
Música: Howard Jackson
Fotografía: Joseph Walker

sábado, 18 de julio de 2026

(3) LOS AMANTES DE LA NOCHE, de Nicholas Ray (1948)

Carne de prisión
Aparte de una fantástica puesta en escena preñada de una excelente fotografía, Los amantes de la noche muestra la condicionalidad del ser humano en el camino por alcanzar la libertad individual. Como seres sociales, las relaciones con los iguales interfieren en nuestra autonomía. A partir de ahí juega un papel crucial nuestra personalidad conformada por las circunstancias ambientales y genéticas. Todo ello se traduce en nuestras capacidades que devienen en el manejo de nuestras habilidades sociales y en la gestión de nuestras emociones. El protagonista se ve empujado a una senda sin retorno por sus compañeros; auténticos tipos duros, manipuladores y sin escrúpulos. La juventud y las voliciones de Bowie apuntan hacia el amor incondicional y a crear una vida nueva que las circunstancias que le han envuelto no le han permitido desarrollar. No obstante, la máxima de Mattie: “Carne de prisión” se cumple a rajatabla en el devenir de la trama. 
Nicholas Ray transmite de manera realista esa sensación de angustia que atraviesa Bowie, así como otros aspectos psicológicos de cada una de los personajes: los sentimientos de culpa de Mattie, la ansiedad y el anhelo de Keeche, la indiferencia y crueldad patológica de Chikamaw y T-Dub…, todo ello unido a una solvente narración que va atrapando al espectador paulatinamente hasta el final.

THEY LIVE BY NIGHT. 1948. Estados Unidos. Blanco y Negro. 95 Min.
Dirección: Robert Rossen
Intérpretes: Cathy O'Donnell, Farley Granger, Howard Da Silva, Jay C. Flippen, Helen Craig, Will Wright, William Phipps, Ian Wolfe, Harry Harvey, Marie Bryant, Will Lee, James Nolan
Guion: Nicholas Ray, Charles Schnee. Novela: Edward Anderson
Música: Leigh Harline
Fotografía: George E. Diskant

viernes, 17 de julio de 2026

(3) GHOST DOG: EL CAMINO DEL SAMURÁI, de Jim Jarmusch (1999)

El hombre tranquilo
Ghost Dog, personaje principal de este film, se rige por los códigos de los antiguos samuráis. Adopta la filosofía del Hagakure, libro que relee frecuentemente. Está en deuda con Louie, miembro de la mafia que le salvó la vida tiempo atrás y al que considera su maestro. Desde entonces es su siervo, dispuesto a cumplir todas sus órdenes (al igual que hacían los samuráis con sus señores en el antiguo Japón), actuando como un asesino a sueldo.
La tranquilidad que emana el protagonista viene reflejada en la guía espiritual del Hagakure (parte de su contenido aparece en la pantalla para describir distintos episodios de la historia). Ghost Dog muestra conexión con la naturaleza (palomas mensajeras) y, especialmente, con su amigo Raymond, un vendedor de helados haitiano. Ambos hablan lenguas distintas —inglés y francés—; aun así, son capaces de entenderse, forjando una entrañable amistad. Por último, queda el vínculo con la niña Pearline; la película da a entender que será su sucesora, y los textos del Rashomon y del Hagakure actuarán como testigos.
Echando un primer vistazo, cuesta creer que una obra que aúne mafia, samuráis, sicarios e inmigración pueda tener un buen resultado. Pero es que Jim Jarmusch lo consigue con una realización brillante que engancha desde el primer instante. Como espectadores nos sentimos contagiados de la personalidad de su protagonista, empatizamos con sus acciones y concordamos con su sentido de "justicia". Es importante destacar la pericia e imaginación del director en la confección del guion, un magnífico trabajo que contiene muchas referencias culturales: desde el homenaje a El silencio de un hombre, de Jean-Pierre Melville, pasando por la música hiphop y la literatura de Akutagawa, hasta el cine de Kurosawa. Pero Ghost Dog es también una oda al entendimiento, a la comunicación, a la amistad, a la conciencia plena y a la filosofía oriental y existencial. Todo ello sin olvidar que también es cine de acción y de crímenes, y eso Jarmusch lo maneja con auténtica maestría.

GHOST DOG: THE WAY OF THE SAMURAI. 1999. Estados Unidos. Color. 115 Min.
Dirección: Jim Jarmusch
Intérpretes: John Tormey, Cliff Gorman, Henry Silva, Forest Whitaker, Tricia Vessey, Dennis Liu, Victor Argo, Isaach De Bankolé
Guion: Jim Jarmusch
Música: RZA
Fotografía: Robby Müller