La duda como respuesta
Ordet es una película muy completa, en el sentido de que, en un periodo tan corto de tiempo —apenas dos horas de film—, están condensadas todas las reflexiones trascendentales del ser humano: ciencia frente a religión, escepticismo, fe ciega, confrontaciones entre religiones, la renuncia a la libertad humana, sustituida por una vida de sufrimiento en ofrenda a Dios y, especialmente, múltiples lecturas e interpretaciones que nos llevarían a un debate interminable.La «locura» de Johannes nos hace dudar, y ese es uno de los elementos que más me interesan de la película. La duda acerca de quiénes somos, de dónde venimos, adónde vamos. La cuestión perenne de que debe haber un porqué. Johannes introduce esa incertidumbre y hace que el espectador se cuestione constantemente aquello que está viendo y, en última instancia, aquello que cree saber.
Otro aspecto importante es la fe de las hijas de Inger. Confían en su tío y tienen una fe de acero en las posibilidades de Dios y en el «poder que le ha otorgado a su tío». Una fe absoluta que contrasta con las diferentes posiciones religiosas que se enfrentan a lo largo de la película.
Creo que, dentro de esta obra —desconozco las convicciones de Dreyer—, hay una crítica o una adulación, según las interpretaciones del espectador, acerca de las restricciones que nos impone una sociedad marcada por una religión rígida: vivir para Dios, morir para Dios, con una anhedonia imperante. Lo lúgubre de la puesta en escena remarca ese sentimiento y acentúa la sensación de una existencia sometida a unas creencias que condicionan la vida de los personajes.
Y luego están las interpretaciones. Me parecen magistrales. Los silencios, las miradas desviadas, el tono deprimido, cuasi inhibido, refuerzan mucho más los diálogos y los soliloquios. Esa contención hace que los gestos, las pausas y las miradas adquieran un peso extraordinario, hasta el punto de que aquello que no se dice puede resultar tan importante como aquello que se expresa.
Y al final, la fantasía (¿?), la resurrección, la vida, la confusión, el aturdimiento, la duda. Un desenlace que no hace más que replantearnos y hacernos reflexionar sobre la existencia. Y quizá sea precisamente esa incertidumbre final la que permite que todas las cuestiones planteadas durante la película permanezcan abiertas a la interpretación.
Un film imprescindible, magistral, que nadie debería dejar de ver.
ORDET. 1955. Dinamarca. Blanco y negro. 125 Min.
Dirección: Carl Theodor Dreyer
Intérpretes: Henrik Malberg, Emil Hass Christensen, Cay Kristiansen, Preben Leerdorff-Rye, Birgitte Federspiel, Ejner Federspiel, Ann Elisabeth Rud, Henry SkjaerGuion: Carl Theodor Dreyer. Obra: Kaj Munk
Música: Paul Schierbeck
Fotografía: Henning Bendtsen
Fotografía: Henning Bendtsen






