Fantástico estudio del duelo
El espacio de tiempo, la historia y el ámbito para vivir. Así se podría sintetizar nuestro paso —fugaz y efímero— por una estructura configurada por el caprichoso azar donde la genética, el ambiente y el territorio caen dentro o fuera —según les plazca— de un paraguas abierto. Una vez aterrizamos y abrimos nuestros ojos, nos ocurrirán situaciones —un buen puñado de ellas incontrolables— con las que tendremos que lidiar para salir de ellas, aunque —muchas, muchísimas veces— lo haremos en balde.La infancia, la juventud, la madurez y la senectud: periodos de vida —como de la aurora al atardecer— de los que somos partícipes para acabar siendo espectadores. Sin embargo, la fortuna, la casualidad y la contingencia permanecen al acecho —con su guadaña— para arrancar, de cuajo, nuestra esencia y, por extensión, nuestra alma.
Una pelea de niños, saltar a la cuerda, un golazo en el recreo, un curso aprobado, el placer de sentirte independiente, la decepción, la construcción de una vida, la conciencia de nuestra finitud... De esto, a grandes rasgos, se compone la vida, siempre —por supuesto— que hayas tenido la suerte de haber nacido en el primer mundo. Sí, vivimos de espaldas y no sabemos de dónde nos vendrán los palos ni cómo nos comportaremos en momentos de verdadera crisis.
Es difícil hacer frente al fallecimiento de un ser querido. Podemos realizar cualquier análisis y hablar de procesos de duelo; sin embargo, el dolor permanece dentro de nuestro corazón emocional, rasgándolo con sus garras de hierro.
Nanni Moretti va más allá y habla de la muerte —repentina e inesperada— de un hijo adolescente en una familia, más o menos acomodada, de una pequeña ciudad del norte de Italia. Giovanni, el padre, es psicoanalista y parece que se siente realizado con todo lo que le rodea: el trabajo, los hobbies, su mujer y sus dos hijos adolescentes. En mi opinión, es muy difícil reflejar el sufrimiento y el tormento en cualquier manifestación artística. Quiero decir, es fácil mostrarlo, pero muy complicado profundizar y explorar en su naturaleza.
¿Cómo representar, pues, ese dolor en la pantalla? No sabría responder a esa pregunta; lo único que haría sería recomendar a cualquier persona que viera esta joya del cine italiano para que comprobara por sí misma lo que estoy escribiendo.
Con un guion muy bien estructurado, la maestría del realizador se saborea en cada una de las secuencias. Así, la trama se origina con los problemas normales que puede tener una familia (trabajo, hijos, matrimonio, etc...) hasta que llega la terrible noticia que hace tambalear todo el estado emocional de esta unidad social. En consecuencia, ni el padre, ni la madre ni la hermana saben cómo gestionar una situación tan desagradable.
El sentimiento de culpa estará acechando continuamente: ¿qué hubiera pasado si yo no hubiera realizado esa atención domiciliaria?, ¿y si en vez de eso hubiera hecho lo otro?, ¿y si...? Una tortura constante, pesada y perturbadora que merma la salud mental de quien la sufre.
Se sabe cómo en ese tipo de procesos las emociones, las sensaciones y los trastornos se cuecen por dentro del ser humano; pues bien, esta cinta tiene la virtud de mostrarlos con una sencillez en las imágenes absolutamente asombrosa. Así es, nosotros como espectadores no lo vemos empíricamente, sino que de alguna forma lo percibimos, y esto es un mérito inmenso de los autores, actores y actrices de este filme.
La familia, destrozada, poco a poco irá digiriendo el trance, especialmente cuando recibe la carta de una amiga del hijo —con sentimientos recíprocos— que servirá como vehículo purificador para alcanzar un remanso de paz interior en su existencia.
Muy acertada, por cierto, la elección del magnífico tema de Brian Eno "By This River" porque le da un cariz reconfortante al estado anímico de los protagonistas.
Esta película es descarnada, dura y sobrecogedora; habla sobre la muerte, pero también sobre la vida. Es por eso por lo que es una obra positiva y esperanzadora, porque le da un sentido a nuestra realidad cotidiana y porque, aparte de poner de manifiesto nuestra inexorable limitación y nuestra injusta supeditación al esquizofrénico azar, se expresa con mucha emotividad desde dentro del corazón y supone —aparte de una lección de buen cine— una lección de vida. Obra maestra.
LA STANZA DEL FIGLIO. 2001. Itália. Color. 100 Min.
Dirección: Nanni Moretti
Intérpretes: Nanni Moretti, Laura Morante, Jasmine Trinca, Giuseppe Sanfelice, Sofia Vigliar, Renato Scarpa.
Guion: Nanni Moretti, Linda Ferri, Heidrun Schleef
Música: Nicola Piovani
Fotografía: Giuseppe Lanci






