Determinación y educación
Nada es imposible con
determinación. No sé dónde he oído esta frase; lo que sí sé, sin embargo, es
que guarda una gran parte de verdad. La misma determinación que demuestra Anne
Sullivan —la maestra contratada por la familia— a la hora de educar a Helen,
una niña sorda y ciega que, dada su incapacidad para comunicarse, vive atrapada
en su propio aislamiento. Con mucha perseverancia y esfuerzo, da la vuelta a la
situación y hace entender a la familia que el verdadero problema no reside en
su diversidad funcional, sino en una manera de educarla demasiado indulgente y
condescendiente.Impresiona
observar el trabajo que realiza para transformar unos hábitos y unas costumbres
profundamente arraigados en la personalidad de Helen. A pesar de los obstáculos
que encuentra en su entorno, aplica una metodología meticulosa y planificada.
Es un proceso lento, pero intenso, que va calando en la figura de la educanda.
Por eso, considero que la película es —en este sentido— un auténtico ensayo de
pedagogía.
Esta obra también
tiene un desarrollo paulatino. Los sentimientos de los padres hacia la hija
cambian cuando se dan cuenta de sus limitaciones. Hay un antes y un después de
la llegada de Anne a la casa: ¿qué hubiera sido de la vida de Helen si no
hubieran buscado ayuda? Los inicios son francamente difíciles, pero la
situación cuenta con la baza de que Anne había sido también ciega en su
infancia. Esto —y su pericia en la aproximación para construir y estructurar su
personalidad— hará que su esfuerzo tenga
resultados. Además, en su proceso de enseñanza-aprendizaje se le da una
importancia capital al lenguaje y a la comprensión de su significado, algo que
Anne persigue obsesivamente. La oposición de los padres es cada vez más fuerte,
más aún cuando se dan cuenta de que Helen ya obedece a las normas. Actos como
abrazarla, mimarla o recompensarla con un dulce hacen que el proceso
involucione. Por el contrario, actos tan forzados y tan eficaces a la vez como
hacer entender y enseñar que Helen coma bien y doble la servilleta revertirán
la situación. El poder de convencimiento de Anne es crucial y el llevársela dos
semanas a la cabaña será determinante.
Todos estos
aspectos reflejan un proceso progresivo que va de menos a más y acaba con
éxito. Lo que demuestra la importancia de una educación especial de calidad.
Ahora bien, estamos hablando de finales del siglo XIX, tiempo en el que estos
temas estaban todavía en pañales.
El guion es una
adaptación de la obra teatral homónima, aspecto que se manifiesta en la puesta
en escena. Los elementos fílmicos se ajustan perfectamente a la trama: la
atmósfera, la escenografía, la música y unas portentosas interpretaciones de
Anne Bancroft y Patty Duke.
Me parece muy
emocionante la última escena. Es el momento en que se produce el insight de la
niña y en ese preciso instante se entrelazan la comprensión de las enseñanzas
de la maestra y el amor incondicional de los padres.
La película está
basada en una historia real, la de Helen Keller, quien continuó con la maestra
hasta la muerte de ésta y se convirtió, además de en activista política, en la
primera persona sordomuda en sacarse un título universitario. Publicó artículos
y libros sobre su propia experiencia. Lo dicho: determinación y educación.
THE MIRACLE WORKER. 1962. Estados Unidos. Blanco y Negro.. 107 Min.
Dirección: Richard Linklater
Intérpretes: Anne Bancroft, Patty Duke, Inga Swenson, Andrew Prine, Kathleen Comegys, Victor Jory
Intérpretes: Anne Bancroft, Patty Duke, Inga Swenson, Andrew Prine, Kathleen Comegys, Victor Jory
Guion: William Gibson. Teatre: William Gibson
Música: Laurence Rosenthal
Fotografía: Ernesto Caparros






