domingo, 12 de abril de 2026

(3) EL POLÍTICO (1949), de Robert Rossen

Corrupción política
Siempre ha sonado utópica la idea del político como persona que se dedica a hacer el bien para la sociedad. A pesar de que todo lo que nos rodea está relacionado con la política, a lo largo del tiempo hemos podido constatar que términos como "corrupción política" o "político corrupto" se han convertido en pleonasmos que se han instalado entre nosotros desde casi los inicios de esta actividad. Por esta razón, dada la imposibilidad de desemparejar ambos conceptos, esta película es, y será, atemporal.
La historia se centra en la figura de Willie Stark, en su ascenso y su metamorfosis. Aunque en un primer momento mostraba destellos de honestidad, preocupándose por el bienestar social y económico de los campesinos y la población más desfavorecida del estado, al final termina —como casi todo el mundo— claudicando. En medio se dibuja un relato de inseguridades, celos y diferencias de clase que a veces quedan como erráticas e imprecisas (no me acabo de creer del todo la infidelidad de la novia del periodista o la venganza final del médico). 
Sin embargo, destacaría sus recursos fílmicos, con la utilización de diferentes planos cinematográficos que enfatizan su narración, y especialmente, la denuncia implícita al sistema y a gran parte de los implicados en asuntos políticos que pervierten la esencia de su objetivo primigenio, que no es otro que garantizar el bien común de una sociedad. Este discurso tan peligroso hace que nos adentremos dentro del terreno resbaladizo del populismo y la demagogia. Ejemplos tenemos en abundancia en el transcurso de nuestra historia.

ALL THE KING'S MEN . 1949. Estados Unidos. Blanco y Negro. 109 Min.
Dirección: Robert Rossen
Intérpretes: Broderick Crawford, John Ireland, Joanne Dru, John Derek, Mercedes McCambridge, Shepperd Strudwick, Ralph Dumke, Anne Seymour, Katherine Warren
Guion: Robert Rossen. Novel·la: Robert Penn Warren
Música: Louis Gruenberg, George Duning
Fotografía: Burnett Guffey

sábado, 11 de abril de 2026

(2) LA JOVEN (THE YOUNG ONE) (1960), de Luis Buñuel

Sombras de indefensión
Basada en un relato corto de Peter Matthiessen ("Travelin’ Man"), la cinta es una coproducción mexicana junto con los Estados Unidos, de ahí su rodaje en inglés.
La joven es una película con aspectos interesantes donde subyace la indefensión aprendida de los más vulnerables. Cabe destacar, especialmente, un acertado tratamiento de conceptos tan controvertidos como son el racismo y el abuso de menores en un contexto donde la desigualdad y la falta de derechos eran el denominador común. También hay que añadir una cuidada puesta en escena y unas buenas interpretaciones en una historia que engancha desde el primer momento, cosa que pone de manifiesto el oficio del realizador aragonés. Y es que, a pesar de ser un film “poco Buñuel” —entre otras cosas porque fue un trabajo de encargo—, hay que reconocer que estamos ante una obra digna, aunque menor, de su filmografía.

LA JOVEN (THE YOUNG ONE). 1960. México. Blanco y Negro. 91 Min.
Dirección: Luis Buñuel
Intérpretes: Zachary Scott, Bernie Hamilton, Key Meersman, Crahan Denton, Claudio Brook
Guion: Hugo Butler, Luis Buñuel. Cuento: Peter Mathiessen
Fotografía: Gabriel Figueroa

(4) LA INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CUERPOS (1956), de Don Siegel

De la anodinia a lo anodino
¿Sería mejor una vida sin dolor, sin sufrimiento, tal como plantean los personajes abducidos de este film? Pudiera ser que, sin pensar, en la primera centésima de segundo, dijéramos que nos abrazaríamos a una existencia desprovista de pesadumbre. Sin embargo, inmediatamente cambiaríamos de parecer y tal pensamiento sería como la fugacidad de una nube que pasa por el cielo porque —si se me permite el juego de palabras—, en caso de que respondiéramos afirmativamente a la pregunta que encabeza este artículo, haríamos el funesto tránsito de la anodinia a lo anodino. Y es que, a decir verdad, horroriza pensar que podamos conocer un mundo carente de empatía y emociones, un universo rodeado de personas indiferentes y ajenas a los sentimientos del prójimo.
En el sustrato de La invasión de los ladrones de cuerpos hallamos este mensaje apocalíptico de los peligros que corremos ante una sociedad insolidaria, una alegoría de la deshumanización que actúa también como denuncia ante el macartismo reinante
Don Siegel lo canaliza todo lo expuesto a través de esta historia de ciencia ficción con impactantes imágenes: vainas, personas como autómatas, cuerpos reproduciéndose… Si a ello le añadimos la presión psicológica que supone el hecho de no poder dormir para no convertirte en uno de “ellos” o el choque emocional de descubrir a tus personas allegadas sin su alma interior, el resultado es un abrumador desasosiego. Una joya imprescindible y atemporal que es preciso conocer.

INVASION OF THE BODY SNATCHERS . 1956. Estados Unidos. Blanco y Negro. 80 Min.
Dirección: Don Siegel
Intérpretes: Kevin McCarthy, Dana Wynter, Larry Gates, King Donovan, Carolyn Jones, Jean Willes, Ralph Dumke, Sam Peckinpah, Virginia Christine, Tom Fadden, Kenneth Patterson, Dabbs Greer
Guion: Daniel Mainwaring. Relatos: Jack Finney
Música: Carmen Dragon
Fotografia: Ellsworth Fredericks

viernes, 10 de abril de 2026

(3) LA ESCAPADA (IL SORPASSO) (1962), de Dino Risi

Dos personalidades diferenciadas
Dentro de esta comedia con tintes de road-movie que, en un principio, parece despreocupada y superficial, nos damos cuenta —a medida que el metraje avanza— de que la historia habla de la psicología de los seres humanos. De este modo, en los dos personajes se pueden vislumbrar rasgos diferenciales que resaltan la personalidad de cada uno. Uno, Bruno Cortona (Vittorio Gassman), fanfarrón, espontáneo, desenvuelto y poco comprometido con los de su alrededor; el otro, Roberto Mariani (Jean-Louis Trintignant), es un estudiante tímido, inhibido y conservador emocional. El hecho es que a cada uno de los dos le gustan cosas del otro; así, Bruno, aunque no lo diga, envidia la sobriedad, control y caballerosidad de Roberto y éste, por el contrario, desea el atrevimiento y la filosofía de vida cercana al "carpe diem" del primero.
Il sorpasso es una comedia que empieza de la nada y que se convierte en una disparatada aventura, con gags graciosos y divertidas situaciones de enredo. Ese subidón de risa continua termina, sin embargo, en algo inesperado. Y es que la manida frase: "eres joven, vive deprisa" tiene sus consecuencias si no se sabe, de alguna manera, contener. La homeostasis, un equilibrio que rija la vida, se ha buscado a lo largo de los tiempos. Pero ¡cuán difícil es! ¿Verdad, Vittorio Gassman?

IL SORPASSO . 1962. Italia. Blanco y Negro. 105 Min.
Dirección: Dino Risi
Intérpretes: Vittorio Gassman, Catherine Spaak, Jean-Louis Trintignant, Claudio Gora, Luciana Angiolillo, Franca Polesello, Linda Sini, Bruna Simionato, Annette Stroyberg, Mila Stanic, Lilly Darelli, Nando Angelini
Guion: Dino Risi, Ettore Scola, Ruggero Maccari
Música: Riz Ortolani
Fotografia: Alfio Contini

jueves, 9 de abril de 2026

(3) LOS MEJORES AÑOS DE NUESTRA VIDA (1946), de William Wyler

De vuelta a casa en la posguerra
Los mejores años de nuestra vida tiene la apariencia de película simple. Por su estructura formal da la sensación de ser una historia que busca la lágrima fácil, esto es: puro entretenimiento superficial para pasar el rato, sin más pretensiones. Sin embargo, escarbando en su trama encontramos una profundidad por la que se analizan traumas, pasiones y emociones humanas. Y es que esta película de William Wyler es una obra perfecta de artesanía que conjuga sagazmente comedia, drama y cine social.
Finalizada la Segunda Guerra Mundial, una vez de vuelta a casa, el trauma bélico —con la constante metáfora de los garfios que simbolizan la monstruosidad de las contiendas bélicas— aparece en el trío protagonista. Los tres sienten que no encajan en la sociedad con la que se encuentran; todo está en el mismo sitio, pero al mismo tiempo, todo ha cambiado. Asimismo, la heroicidad que en un principio emanaban se torna en marginalidad, por lo que han de intentar buscar trabajo o, al menos, mantener el que tenían. Homer queda discapacitado y el miedo se apodera de él (necesitará ayuda para vestirse y no sabe si su novia lo aceptará o supondrá una carga para ella) y Fred se topa de nuevo con sus problemas matrimoniales, surgiendo el divertido (y complicado) enamoramiento con Peggy, la hija de Al. 
Lo que subyace en el argumento es una denuncia hacia el papel que juega el país con los veteranos de guerra (la frase del encargado de la tienda de perfumes es demoledora: “Nadie puede estar seguro en su trabajo con todos esos veteranos que vuelven”). O sea, existe una confrontación no resuelta que el film muestra remarcando esa falta de sensibilidad de la nación para con aquellos que regresan del conflicto.
Continuando con esta manifestación crítica, la cinta realiza una pequeña revolución dejando en evidencia la falta de escrúpulos de las entidades bancarias (algo que se puede extrapolar a la actualidad) a la hora de conceder préstamos de manera concertada con el gobierno.  Al, habla de valores (generosidad, bondad, buen corazón…) que están reñidos con esa economía alejada del bien común que se practica. Ahí es cuando asoma una interesante contraposición entre humanidad y negocio —en el sentido peyorativo del mismo— donde Al se convierte en el abanderado de la ética contra la ferocidad salvaje del capitalismo. 
No puede faltar el personaje pro nazi (escena de la heladería) que representa el fascismo permanente y arraigado que desgraciadamente llega hasta nuestros días. Todo ello está puesto sobre el tapete de manera entremezclada, cosa que le da más valor a la grandeza de la dirección pues, en un metraje que casi llega a las tres horas, conjuga una gran cantidad de variables (guerra, traumas, familia, amistad, amor, adulterio, matrimonio…).
Como anécdota, comentar que Harold Russell se interpretó a sí mismo, ya que fue un verdadero mutilado de guerra. Además, la película fue vigilada en la llamada “caza de brujas” del senador Joseph McCarthy por considerarla de contenido subversivo, al hablar de la adaptación a la paz y lo complicado que puede resultar.

THE BEST YEARS OF OUR LIVES . 1946. Estados Unidos. Blanco y Negro. 170 Min.
Dirección: William Wyler
Intérpretes: Myrna Loy, Fredric March, Dana Andrews, Teresa Wright, Virginia Mayo, Cathy O'Donnell, Hoagy Carmichael, Harold Russell, Gladys George, Ray Collins, Roman Bohnen, Minna Gombell, Walter Baldwin, Dorothy Adams, Steve Cochran
Guion: Robert E. Sherwood. Novel·la: MacKinlay Kantor
Música: Hugo Friedhofer
Fotografía: Gregg Toland

martes, 7 de abril de 2026

(3) LOS AMANTES DE MONTPARNASSE (1958), de Jaques Becker

El arte como elemento trangresor
Una vida tormentosa que lleva a la autodestrucció donde el amor y el arte se mezclan en una existencia decadente. Esta película habla sobre creer en uno mismo, de la depresión, del alcoholismo y del amor abnegado. Además, refleja el contraste entre el arte como expresión interior y como elemento transgresor frente al arte como negocio.
Una historia bien construida que sabe captar al espectador. Técnicamente formidable y, aunque tiene altibajos, con una última parte magistral. 
Sé que eran otros tiempos, pero resulta molesta la violencia de género y el tufillo patriarcal que destila. No obstante, estamos ante una gran obra que merece conocerse.

LES AMANTS DE MONTPARNASSE . 1958. Francia. Blanco y Negro. 115 Min.
Dirección: Jaques Becker
Intérpretes: Gérard Philipe, Lilli Palmer, Lea Padovani, Gérard Séty, Lino Ventura, Anouk Aimée, Lila Kedrova
Guion: Jacques Becker. Novel·la: Michel-Georges Michel
Música: Paul Misraki
Fotografía: Christian Matras

lunes, 6 de abril de 2026

(3) MEMORIAS DEL SUBDESARROLLO (1968), de Tomás Gutiérrez Alea

Reflexiones equidistantes
Perdido en las profundidades de una sociedad convulsa, la contradicción se erige como el sustento de una historia tintada de pesadumbre. El protagonista, burgués intelectual que vive de las rentas de alquiler, nada en el mareante oleaje que transita en el proceso revolucionario cubano. Crítico e irónico, su pasividad actúa como un mecanismo de defensa ante el bloqueo existencial que le han producido las indefectibles transformaciones de su país. Pasividad que, por cierto, recuerda a la inacción que a lo largo de la historia los ciudadanos ejercitan ante los peligros inminentes que se les avecinan (un claro ejemplo lo tenemos en el ascenso del fascismo en la actualidad y nuestro connivente inmovilismo).
Desde un punto de vista formal, la película es absolutamente sorprendente por su modernidad y por su rompedor lenguaje fílmico. De esta manera, combina secuencias documentales y una narración no lineal con imágenes de archivo, dibujando así una línea muy fina que separa la ficción de la realidad.
Las contradicciones de Sergio, su personaje principal, existen también en su vida personal y deambulan a través de sus reflexiones, que se tornan críticas con todo aquello que le rodea (el exilio de su familia a Estados Unidos, sus problemas con las mujeres y su inconsistente ideología en la revolución). La película está impregnada de los razonamientos del discurso marxista, que juegan con la equidistancia de su protagonista.
Memorias del subdesarrollo, por su interesante argumento y por su planteamiento formal, es un film importante que debe verse.

MEMORIAS DELS SUBDESARROLLO. 1950. Cuba. Blanco y Negro. 97 Min.
Dirección: Tomás Gutiérrez Alea
Intérpretes: Sergio Corrieri, Daisy Granados, Eslinda Núñez, Omar Valdés, René de la Cruz, Yolanda Farr, Ofelia González, Jose Gil Abad, Daniel Jordan, Luis López
Guion: Tomás Gutiérrez Alea, Edmundo Desnoes. Novela: Edmundo Desnoes
Música: Leo Brower
Fotografía: Ramón F. Suárez