Cine de percepciones y sensaciones
Las sensaciones que recorren el alma en los primeros años de vida son percepciones psicológicas, impresiones que, sin darnos cuenta, van moldeando nuestra personalidad y dan forma a nuestras emociones. La fantasía y la ilusión en la infancia tal vez sean las facultades humanas que más se acercan a la felicidad: de la nada puede salir algo maravilloso porque la imaginación de un niño es el arma más poderosa que existe.Leyendo el anterior párrafo aparece en mi mente la imagen recurrente de Ana, una de las niñas protagonistas del film. Su mirada —con sus ojos bien abiertos, expresando sorpresa— cuando ve por primera vez la escena de Frankenstein junto con la niña en el estanque, ilustra claramente ese universal imaginario infantil.
El espíritu de la colmena es una auténtica lección de lenguaje cinematográfico. Las secuencias son como estampas de los episodios que transcurren. Ya desde el principio, con los títulos de crédito de los dibujos de las niñas del film, y la fantástica música hipnótica de Luis de Pablo, nos adentramos en un mundo mágico a través de la óptica de las dos niñas. Erice juega con los fundidos y sobre todo con las elipsis. Con esta técnica pretende sugerir y proponer, pero, sobre todo, involucrar al espectador.
“Un lugar de la meseta castellana hacia 1940…” El contexto es francamente duro. Acabada la Guerra Civil, estamos inmersos en un país gris, herido, injusto y controlado. La puesta en escena transmite esa sensación de desasosiego y tristura a través de los primeros planos y grandes planos generales junto con la excelente fotografía de Luis Cuadrado. En ese paisaje se encuentra un microcosmos familiar donde sus elementos se contraponen, especialmente en la relación entre el matrimonio; inexistente y sin ningún tipo de comunicación, y entre las hermanas; una (Isabel) pragmática, y otra (Ana) soñadora. Pero también existen dos mundos entremezclados: la adultez y la niñez. Ambos, tan cerca pero tan distantes, perfilan las bases de esta historia tan sencilla y compleja a la vez que encierra una crítica a un régimen sombrío y turbio.
Las calles de un paisaje yermo teñido de una oscuridad iluminada abren las puertas de la imaginación a través de la proyección del Dr. Frankenstein. La sesión de cine en la sala desolada y maltrecha, pero eficaz, hace que niños, adultos y mayores encuentren un alivio a sus penurias. Mientras Fernando, el padre, continúa ensimismado en sus tareas de apicultor. La voz en off de Teresa, su mujer, con una carta de amor a su amante, nos avisa de la distancia insalvable entre ambos.
Amor perdido e indiferencia. Escritos inacabados sobre la cría de abejas y aroma de desaliento. Escuela franquista y don José (impensable una doña Josefa o un don José con pene). La casa aislada y la invocación al espíritu. El maquis. La muerte siempre presente en la conciencia de Ana. Su enfado, su rebeldía y su huida. Todo queda en suspenso en un lugar concreto y en un espacio de tiempo determinado. La mirada enigmática de Ana, mirando a la nada, con un significado misterioso y preclaro, a la vez, resume el espíritu poético y filosófico —previo a la autoconciencia— que trata de averiguar el sentido de la vida.
EL ESPÍRITU DE LA COLMENA. 1973. España. Color. 94 Min.
Dirección: Víctor Erice
Intérpretes: Fernando Fernán Gómez, Ana Torrent, Teresa Gimpera, Isabel Tellería, José Villasante, Ketty de la Cámara, Estanis González, Juan Margallo, Laly Soldevila, Miguel Picazo
Intérpretes: Fernando Fernán Gómez, Ana Torrent, Teresa Gimpera, Isabel Tellería, José Villasante, Ketty de la Cámara, Estanis González, Juan Margallo, Laly Soldevila, Miguel Picazo
Guion: Angel Fernandez Santos, Víctor Erice
Música: Luis de Pablo
Fotografía: Luis Cuadrado






