jueves, 27 de agosto de 2026

(3) ARGENTINA 1985, de Santiago Mitre (2022)

Nunca más
Es importante precisar que, dejando constantes las dos variables que constituyen el título de esta crítica, el guion de esta película está perfectamente estructurado desde su inicio. De hecho, cuenta con una narración sumamente ágil, que provoca que el espectador —su estética retro y ochentera también ayuda en este aspecto— se sienta inmerso e identificado con la trama. La tipografía de la máquina de escribir nos invita a adentrarnos en uno de los acontecimientos más abyectos que han tenido lugar en la historia reciente de Argentina. 
Como apuntaba en el párrafo inicial, su factura técnica no tiene ninguna objeción. Además, cuenta con una acertada puesta en escena y dirección de actores. Lo de Ricardo Darín es francamente escandaloso. Un portentoso actor que mejora cualquier obra que tenga que representar. 
Pues bien, si su envoltorio es notable, su contenido no se queda atrás. Una vez se aúnan todos los elementos mencionados, la película se convierte en un transmisor eléctrico de sentimientos y emociones. Percibimos la injusticia, percibimos el valor; percibimos, en definitiva, los contrastes humanos. De esta manera, sus imágenes nos ayudan a entender el contexto histórico, el miedo y las penurias por las que tuvieron que pasar numerosos argentinos. Y somos conscientes de que este alegato por la justicia universal es una manera de alertarnos sobre la importancia de preservar los valores verdaderamente democráticos y de la exigencia de que cualquier gobierno cuide de sus ciudadanos.
Emociones por doquier: la transformación de la madre del ayudante fiscal, el discurso memorable de Strassera con su famosa frase Nunca más, que se convierte en una llamada universal a la memoria histórica, y la relevancia del juicio, que marcó un antes y un después en los procesos judiciales contra los líderes de un país.
Didáctica, honesta y emocional. Una lección de cine que merece ser vista.

ARGENTINA 1985. 2022. Argentina. Color. 140 Min.
Dirección: Santiago Mitre
IntérpretesRicardo Darín, Peter Lanzani, Norman Briski, Claudio Da Passano, Héctor Díaz, Alejandra Flechner, Alejo García Pintos, Carlos Portaluppi, Brian Sichel, Walter Jacob, Laura Paredes, Gina Mastronicola
Guion: Santiago Mitre, Mariano Llinás
Música: Pedro Osuna
Fotografía: Javier Juliá

miércoles, 26 de agosto de 2026

(3) EL CRIMEN DE CUENCA, de Pilar Miró (1980)

Relato impactante
Aunque realidad el matiz preponderante es la atemporalidad, esta obra hace tambalear los cimientos de la justicia española en los primeros años del siglo XX. La realizadora Pilar Miró se decanta por la contundencia y por un estilo directo, pues de la pantalla surgen, sin ningún tipo de tapujos, durísimas escenas de torturas por parte del aparato estatal. De hecho —debido a la narración tan explícita de las torturas por parte del cuerpo de la Guardia Civil— llevó al Gobierno de la UCD, con su ministro Ricardo de la Cierva al frente, a poner la película a disposición de la autoridad militar. De esta forma, la cinta quedó secuestrada durante más de año y medio y su realizadora fue objeto de un proceso militar. Finalmente fue estrenada a mediados de 1981, siendo la única película española prohibida durante la democracia tras la desaparición de la censura en 1977.
Con este film se pone en entredicho el concepto de justicia y la presunción de inocencia en un proceder judicial tercermundista en el que las víctimas eran como funámbulos que caminan por un alambre destensado, pues dependían absolutamente del azar: nótese que la suerte de ambos dependerá del juez de instrucción que en ese momento ostentara el cargo; de esta manera —desafortunadamente para Gregorio y León— pasaron de un primer juez ponderado que sobreseyó la causa a otro que era totalmente parcial. 
La película también hace referencia a las desigualdades sociales existentes y a las condiciones de pobreza a las que estaba sometida la población. La corrupción política junto con el afán de venganza (del diputado Contreras y del cura párroco) también están presentes con la persistente obstinación por parte del sector conservador.
Por último, es muy interesante observar cómo los rumores infundados y la brutalidad coercitiva de las palizas se pueden convertir en potentes argumentos. Así, los dos braceros (también la mujer de Gregorio) dudan de la inocencia del otro. Todo ello nos transporta a una desgarradora reflexión: ¿cómo actuaríamos nosotros en la misma situación?, ¿delataríamos, incluso mintiendo, a un amigo? 
Memorables los actores e impactante la aparición del Cepa cuando escucha la voz del romance del ciego. El crimen de Cuenca es un fantástico alegato contra la tortura y la vulneración de los derechos de la ciudadanía. Recomendable.

EL CRIMEN DE CUENCA. 1980. España. Color. 92 Min.
Dirección: Pilar Miró
IntérpretesAmparo Soler Leal, Fernando Rey, Héctor Alterio, José Manuel Cervino, Mary Carrillo, Francisco Casares, Eduardo Calvo, José Vivó, Félix Rotaeta, Guillermo Montesinos, Mercedes Sampietro, Assumpta Serna, Daniel Dicenta
Guion: Salvador Maldonado, Pilar Miró. Idea: Juan Antonio Porto
Música: Antón García Abril
Fotografía: Hans Burmann

martes, 25 de agosto de 2026

(3) IMITACIÓN A LA VIDA, de Douglas Sirk (1959)

Nacidas para sufrir
Lágrimas teñidas de sufrimiento recorren las mejillas de Annie. Después de toda una vida de abnegación por su hija y de sembrar el bien por todas partes, no ha sido correspondida. Aunque es víctima de un contexto social marcado por la discriminación racial, Annie está hecha de una pasta especial; lucha por sobrevivir, empatiza con la gente y defiende a los suyos hasta las últimas consecuencias. 
Estamos en 1947. Racismo en Estados Unidos. La segregación y la discriminación son como un nubarrón colmado de angustia que acecha constantemente a las personas de raza negra. Una atmósfera poco propicia para realizarse como persona.
Este melodrama trata varios aspectos inherentes a las relaciones y particularidades humanas tales como el amor, la superación personal (no se puede obviar la historia de Lora Meredith), la amistad y el machismo. Aun así, el eje central es el racismo (tanto el latente como el patente). La crítica a la sociedad estadounidense es evidente. Ahora bien, dicho esto, es importante destacar la destreza y el ingenio de Douglas Sirk al confeccionar una obra que contiene muchas piezas. Estas van desde la marginación (que sería la pieza más grande) hasta los problemas mundanos (las más pequeñas). Imitación a la vida habla del hundimiento psicológico y de la indefensión, de la marginación y la estigmatización propiciada por un supremacismo institucional. 
Un filme conmovedor que, pese a pisar caminos resbaladizos cercanos a la sensiblería, no cae en ellos. Al contrario; expresa, transmite, emociona y llega al espectador.

IMITATION OF LIFE. 1959. Estados Unidos. Color. 124 Min.
Dirección:  Douglas Sirk
Intèrprets: Lana Turner, John Gavin, Sandra Dee, Robert Alda, Susan Kohner, Dan O'Herlihy, Juanita Moore, Troy Donahue, Sandra Gould, Ann Robinson
Guion: Eleanore Griffin, Allan Scott. Novel·la: Fannie Hurst
Música: Frank Skinner
Fotografía: Russell Metty

domingo, 23 de agosto de 2026

(3) GENTE CORRIENTE, de Robert Redford (1980)

Sufrimiento universal
El globo terráqueo está conformado por personas cuya extensión está repleta de gente corriente. Gente sencilla, común y humilde que se las ve y se las desea para superar las adversidades que les presenta la vida. Podemos ejercer diferentes oficios, recibir una nómina, pagar las facturas, etc., y también hacer frente a los ineludibles problemas cotidianos. Cada cual con los suyos, pero dificultades e inconvenientes al fin y al cabo. 
En la película estamos delante de una familia adinerada y, presumiblemente, con todo a su favor para ser feliz. Sin embargo, un acontecimiento negativo —como es un accidente mortal de un ser querido— los iguala con otros tipos de familias de diferente clase social a la categoría de, tal como reza el título del film, gente corriente. 
A veces nos estrujamos demasiado el cerebro en que pasen cosas extraordinarias, no habituales, cuando lo realmente sorprendente son las idas y venidas, lo bueno y lo malo, las alegrías y las penurias que tenemos que experimentar en nuestro día a día.
Es necesario que el arte —en sus múltiples disciplinas— exprese el acontecer terrenal a través de una mirada objetiva y distante que refleje los sentimientos y las emociones de los seres humanos. En mi opinión, esta ópera prima de Robert Redford plasma esta idea y se acerca a una manera de hacer cine más introspectiva, asomándose al interior de los personajes y analizando sus pensamientos y sensaciones.
En el film afloran aspectos tan delicados y sensibles como el suicidio, la muerte prematura o el dolor paterno. Elementos que están ahí y que, aunque hacemos lo indecible por invisibilizarlos, son compañeros de viaje en nuestra travesía vital. No es lo mismo sentir el dolor que verlo desde fuera, no es lo mismo enterarse de un fallecimiento ajeno que experimentarlo en nuestras propias carnes y no es lo mismo escuchar la palabra suicidio con sus connotaciones asépticas que sentir sus efectos cuando un allegado se quita la vida.
¿Cómo puede una persona sintetizar o asumir desgracias como la muerte o el intento de suicidio de un hijo? ¿Cómo sobrellevar en el caso de Conrad la pérdida de su hermano? No habría suficiente tinta en el mundo para expresar y describir en palabras semejante cantidad de sufrimiento. Sin embargo, esta película logra mostrar todas esas disposiciones emocionales a través de un profundo estudio anímico de los personajes. 
Narrada con sencillez, pero con astucia, la historia revela los diferentes caracteres y comportamientos de los afectados en esa concatenación de circunstancias adversas. El eje de la obra es Conrad, un adolescente que tiene que pasar por la experiencia traumática de la muerte de su hermano en un accidente en alta mar en el que se encontraban los dos. Consumido por el sentimiento de culpa, intenta suicidarse. Con su madre —fría y con dificultades para expresar sus emociones— mantiene una relación distante y con su padre —comprensivo, que sufre en silencio sin dar salida a su desdicha— trata de reconectar. La compañera que conoce en el coro será su gran esperanza para reflotar del pozo en el que está sumido.
Por último, hay un personaje muy importante en el film que es la figura del psiquiatra. Su papel como espectador imparcial y objetivo tiene una influencia preponderante en la evolución del protagonista. Conrad necesita afecto correspondido y se funde en un abrazo amistoso con su psiquiatra, sellando así nuestra vulnerabilidad y, al mismo tiempo, nuestra fortaleza como seres humanos y como gente corriente.

ORDINARY PEOPLE. 1980. Estados Unidos. Color. 123 Min.
Dirección: Robert Redford
Intérpretes: Donald Sutherland, Mary Tyler Moore, Judd Hirsch, Timothy Hutton, M. Emmet Walsh, Elizabeth McGovern, Dinah Manoff, Fredric Lehne, Adam Baldwin, James Sikking, Basil Hoffman, Quinn K. Redeker
Guion: Alvin Sargent, Nancy Dowd. Novela: Judith Guest
Música: Varios
Fotografía: John Bailey

sábado, 22 de agosto de 2026

(4) ORDET (LA PALABRA), de Carl Theodor Dreyer (1955)

La duda como respuesta
Ordet es una película muy completa, en el sentido de que, en un periodo tan corto de tiempo —apenas dos horas de film—, están condensadas todas las reflexiones trascendentales del ser humano: ciencia frente a religión, escepticismo, fe ciega, confrontaciones entre religiones, la renuncia a la libertad humana, sustituida por una vida de sufrimiento en ofrenda a Dios y, especialmente, múltiples lecturas e interpretaciones que nos llevarían a un debate interminable.
La «locura» de Johannes nos hace dudar, y ese es uno de los elementos que más me interesan de la película. La duda acerca de quiénes somos, de dónde venimos, adónde vamos. La cuestión perenne de que debe haber un porqué. Johannes introduce esa incertidumbre y hace que el espectador se cuestione constantemente aquello que está viendo y, en última instancia, aquello que cree saber.
Otro aspecto importante es la fe de las hijas de Inger. Confían en su tío y tienen una fe de acero en las posibilidades de Dios y en el «poder que le ha otorgado a su tío». Una fe absoluta que contrasta con las diferentes posiciones religiosas que se enfrentan a lo largo de la película.
Creo que, dentro de esta obra —desconozco las convicciones de Dreyer—, hay una crítica o una adulación, según las interpretaciones del espectador, acerca de las restricciones que nos impone una sociedad marcada por una religión rígida: vivir para Dios, morir para Dios, con una anhedonia imperante. Lo lúgubre de la puesta en escena remarca ese sentimiento y acentúa la sensación de una existencia sometida a unas creencias que condicionan la vida de los personajes.
Y luego están las interpretaciones. Me parecen magistrales. Los silencios, las miradas desviadas, el tono deprimido, cuasi inhibido, refuerzan mucho más los diálogos y los soliloquios. Esa contención hace que los gestos, las pausas y las miradas adquieran un peso extraordinario, hasta el punto de que aquello que no se dice puede resultar tan importante como aquello que se expresa.
Y al final, la fantasía (¿?), la resurrección, la vida, la confusión, el aturdimiento, la duda. Un desenlace que no hace más que replantearnos y hacernos reflexionar sobre la existencia. Y quizá sea precisamente esa incertidumbre final la que permite que todas las cuestiones planteadas durante la película permanezcan abiertas a la interpretación.
Un film imprescindible, magistral, que nadie debería dejar de ver.

ORDET. 1955. Dinamarca. Blanco y negro. 125 Min. 
Dirección: Carl Theodor Dreyer
Intérpretes: Henrik Malberg, Emil Hass Christensen, Cay Kristiansen, Preben Leerdorff-Rye, Birgitte Federspiel, Ejner Federspiel, Ann Elisabeth Rud, Henry Skjaer
Guion: Carl Theodor Dreyer. Obra: Kaj Munk
Música: Paul Schierbeck
Fotografía: Henning Bendtsen

viernes, 21 de agosto de 2026

(3) MI NOCHE CON MAUD, de Éric Rohmer (1969)

La razón frente al deseo
Tercero de sus seis cuentos morales, lo más notable de este film de Rohmer es que encierra, desde una planificación aparentemente sencilla, una gran cantidad de elementos que nos ayudan a reflexionar. Detrás de un interesante discurso filosófico-teológico-científico se esconde un deseo primitivo del ser humano por saciar sus necesidades emocionales y fisiológicas. Es en esas disquisiciones cuando desfilan conceptos como las matemáticas de Pascal, el Jansenismo, la fidelidad, los celos, la iglesia y el dolor ante un amor no correspondido. Dicho esto, impacta cómo a través de unas brillantes imágenes fílmicas se le da un peso muy importante a los diálogos. Las conversaciones, —canalizadas por el filtro de Jean-Louis—  tienen una profundidad que nos lleva a analizar y cuestionar aspectos relevantes que atañen a nuestra existencia.
La realización intenta recoger todo aquello que acontece en la mente de los protagonistas aunque sea aparentemente nimio. De ahí la importancia que se otorga a las escenas de los sermones (con una duración, además, relativamente larga) y el significado que tienen para los protagonistas (como se puede observar en sus expresiones y gestos faciales).
Jean-Louis, topa con una serie de cuestiones morales que afectan a su sistema de creencias. Es por ello que intenta dar coherencia a su principios, pensamientos y cogniciones a través de un discurso “filocatólico” (respetuoso y educado con respecto a las, como él dice, “otras religiones”; llámese ateísmo, agnosticismo y/o arreligiosidad) que intenta justificar tanto sus actos como su comportamiento. Desde que vio por primera vez a Françoise se hizo la (ir)racional promesa de contraer matrimonio con ella. Sin embargo, se tropieza (“voluntaria e inconscientemente”) con Maud y Françoise, dos polos opuestos cuyas personalidades son antitéticas. La noche con Maud supone un detonante y un punto de inflexión que lo sumerge en los comentados dilemas morales. Se siente muy bien con Maud y con su libérrima actitud, no obstante la sombra de Françoise, —más parecida a él— le acecha constantemente. Su mente juega a caballo entre las dos; de lo convencional a lo singular, de lo estable a lo veleidoso y de lo inocente a lo libidinoso.
Al final, estas dos historias paralelas tienen un desenlace sorprendente e inesperado; todo está conectado desde su noche con Maud.

MA NUIT CHEZ MAUD. 1969. Francia. Blanco y negro. 105 Min. 
Dirección: Éric Rohmer
Intérpretes: Jean-Louis Trintignant, Françoise Fabian, Marie-Christine Barrault, Antoine Vitez, Léonide Kogan, Guy Léger, Anne Dubot
Guion: Éric Rohmer
Música: Wolfgang Amadeus Mozart
Fotografía: Néstor Almendros

jueves, 20 de agosto de 2026

(3) LA SOLEDAD DEL CORREDOR DE FONDO, de Tony Richardson (1962)

La insubordinación ante la injusticia
La vida de Colin Smith no ha sido un camino de rosas; siempre en el sitio más bajo de las capas sociales, nunca ha podido decidir por sí mismo al verse obligado a cumplir los deseos de los demás. A pesar de no sentirse orgulloso de que su padre no fuera capaz de secundar la huelga de sus compañeros a cambio de un aumento de sueldo, sabía que, de alguna forma, solía imitar esa conducta servil. La muerte de éste le supone atravesar una experiencia traumática en su adolescencia. 
A todo esto hay que añadir su pertenencia a una familia desestructurada con una relación fría y fracturada por parte de sus progenitores. En el transcurso de su adolescencia, fruto de un hurto en una panadería, acabará en un reformatorio y allí dentro experimentará una analogía con lo que ocurría en la sociedad, esto es: el dominio de los poderosos sobre los vulnerables. 
En el interior del joven existe un sentimiento de rebeldía y de rabia, como si se preguntara el porqué de esas diferencias de clase. Una vez trasladado al correccional, es cuando se da cuenta de cómo se reproducen los mismos mecanismos que en la sociedad: en la cúspide, el director del centro; por debajo, sus adláteres (trabajadores de la institución) y, en el fondo, los internos que deben acatar las órdenes de los de arriba. 
Al mostrar sus cualidades como corredor de fondo, se convertirá en el “niño bonito” del director, cosa que le hará sentirse mal por mimetizar los patrones que él tanto detestaba. Pero llega un momento en que su inconformismo explota y su decisión final logrará desatar su venganza, que le hará sentirse liberado.
El film utiliza la metáfora constante de la soledad del corredor, que es la misma que sufre el obrero oprimido, el ciudadano abandonado por el Estado o los seres humanos ante las desigualdades sociales. Tony Richardson lo retrata —a base de flashbacks— de una manera impecable, con un peculiar lenguaje fílmico propio del free cinema y con una sensacional última escena en la carrera de competición cuando aparecen, mientras corre, momentos importantes de su existencia previa.

THE LONELINESS OF THE LONG DISTANCE RUNNER. 1962. Estados Unidos. Blanco y negro. 99 Min. 
Dirección: Tony Richardson
Intérpretes: Tom Courtenay, Michael Redgrave, Avis Bunnage, Alec McCowen, James Bolam, James Fox
Guion: Alan Sillitoe
Música: John Addison
Fotografía: Walter Lassally