domingo, 28 de junio de 2026

(3) KOLYA, de Jan Svěrák (1996)

Arpegiando las cuerdas de la felicidad
Los hechos inesperados son, sin darnos cuenta, lo que determina nuestro futuro más inmediato. Nos ponen a prueba y, de paso, nos enseñan caminos que nunca hubiéramos podido imaginar. Aunque intentamos evitarlos, al final nos atrapan y nos hacen reaccionar para adaptarnos a ellos. Esto que en un principio puede parecer molesto y traumático, muchas veces —no siempre— se convierte en una oportunidad que pone todo nuestro catecismo capital patas arriba.
No digas nunca «de esta agua no beberé». Es lo que le ocurre a František Louka en esta acertada recreación contextualizada en 1988, en la Checoslovaquia ocupada por los rusos. Un tiempo donde, dado el espionaje estructural, apenas podía uno encontrar la libertad individual.  Aun así, el protagonista es un personaje liberal, bohemio, que trata de sobrevivir lo mejor que puede sin renunciar al hedonismo que le da una chispa de fulgor a su existencia. El hecho de ser un violonchelista de renombre y perder su puesto de trabajo en la orquesta filarmónica, acusado de "sospechoso político" por las autoridades comunistas del país, le empuja a buscarse los cuartos tocando en funerales. Las deudas le abruman y es entonces cuando acepta la proposición del señor Broz, el enterrador, casándose con una joven rusa que quiere conseguir la nacionalidad checa. Una serie de circunstancias harán que tenga que hacerse cargo de Kolya, el niño de cinco años de la chica.
La cámara —cual pincel— aplica en la pantalla unas imágenes cargadas de un gris asociado a la tristeza (dificultades económicas, carencia de libertad y la grave responsabilidad que supone la aparición del niño en su vida) mezclado con un tono de blanco conectado con la esperanza (la diversión inmediata y el cariño que aumenta con la relación con Kolya)
El protagonista; huraño con los niños, y ambos; con diferente lengua y cultura. Elementos que en un principio supondrían una distancia insalvable, pero la historia de Franka y Kolya nos demuestra que no, que el ser humano es capaz de emanar un sentimiento de estima profunda que nos ayuda a arpegiar las utópicas cuerdas de la felicidad.

KOLJA. 1996. República Checa. Color. 110 Min.
Dirección: Jan Svěrák
Intérpretes: Zdenek Sverák, Andrei Chalimon, Libuse Safránková, Ondrej Vetchý, Stella Zázvorková, Ladislav Smoljak
Guion: Zdeněk Svěrák
Música: Ondrej Soukup
Fotografía: Vladimir Smutny

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