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martes, 28 de julio de 2026

(5) SECRETOS Y MENTIRAS, de Mike Leigh (1996)

Lección de vida
A consecuencia de la falta de respuestas, en el transcurso de nuestro ciclo vital, solemos hacernos multitud de preguntas para encontrar una explicación lógica a nuestra existencia. Cuestiones y dudas que, desgraciadamente, siempre se quedan sin resolver. El ser humano necesita identificarse, saber quién es realmente, ser consciente de su idiosincrasia y tener anclado en su interior un sentimiento de pertenencia. De lo incognoscible, poco podemos hacer, a no ser que recurramos a un sistema de creencias y dogmas donde la fe acalle nuestra ansia por comprender. Ahora bien, en el film se expone el derecho a conocer los orígenes por parte de aquellas personas que han sido adoptadas. Evidentemente, no es un trámite fácil; sin embargo, la protagonista necesita saber acerca de su familia primigenia para que tal conocimiento actúe como una especie de bálsamo que reconforte su desasosiego.
Este sería el punto de partida de esta obra; no obstante, el director va mucho más allá y realiza un espléndido estudio del amor incondicional estucado de valores, emociones y un profundo tratamiento de los aspectos psicológicos individuales, colectivos y sociales. Así, Mike Leigh da una lección magistral de cine a partir de un guion perfectamente hilvanado, un microcosmos familiar donde las mentiras y secretos van conviviendo durante años hasta hincharse, al igual que un globo, desencadenando su inexorable explosión. La memorable escena de la barbacoa y su posterior desarrollo es una especie de catarsis donde, a través de una naturalidad sorprendente, los personajes van liberando todos sus demonios hasta llegar a un punto de encuentro que, en un principio, se preveía imposible.
El peculiar estilo de Mike Leigh es absolutamente impecable. Sus elementos (silencios, música, gestos), la hábil utilización de los recursos cinematográficos (ritmo, espacio, iluminación…) y el concurso de un magnífico grupo actoral expresan una atmósfera vital en la cual el espectador se reconoce fácilmente.
Sencilla, sincera, llana, realista y espontánea… Como hemos dicho, una lección de cine, pero, sobre todo, de vida.

SECRETS AND LIES. 1996. Estados Unidos. Color. 141 Min.
Dirección: Mike Leigh
Intérpretes: Timothy Spall, Brenda Blethyn, Phyllis Logan, Marianne Jean-Baptiste, Claire Rushbrook, Elizabeth Berrington, Michele Austin, Lee Ross, Lesley Manville, Ron Cook
Guion:Mike Leigh
Música: Andrew Dickson
Fotografía: Dick Pope

lunes, 11 de mayo de 2026

(5) EL ESPÍRITU DE LA COLMENA, de Víctor Erice (1973)

Cine de percepciones y sensaciones
Las sensaciones que recorren el alma en los primeros años de vida son percepciones psicológicas, impresiones que, sin darnos cuenta, van moldeando nuestra personalidad y dan forma a nuestras emociones. La fantasía y la ilusión en la infancia tal vez sean las facultades humanas que más se acercan a la felicidad: de la nada puede salir algo maravilloso porque la imaginación de un niño es el arma más poderosa que existe.
Leyendo el anterior párrafo aparece en mi mente la imagen recurrente de Ana, una de las niñas protagonistas del film. Su mirada —con sus ojos bien abiertos, expresando sorpresa— cuando ve por primera vez la escena de Frankenstein junto con la niña en el estanque, ilustra claramente ese universal imaginario infantil.
El espíritu de la colmena es una auténtica lección de lenguaje cinematográfico. Las secuencias son como estampas de los episodios que transcurren. Ya desde el principio, con los títulos de crédito de los dibujos de las niñas del film, y la fantástica música hipnótica de Luis de Pablo, nos adentramos en un mundo mágico a través de la óptica de las dos niñas. Erice juega con los fundidos y sobre todo con las elipsis. Con esta técnica pretende sugerir y proponer, pero, sobre todo, involucrar al espectador.
“Un lugar de la meseta castellana hacia 1940…” El contexto es francamente duro. Acabada la Guerra Civil, estamos inmersos en un país gris, herido, injusto y controlado. La puesta en escena transmite esa sensación de desasosiego y tristura a través de los primeros planos y grandes planos generales junto con la excelente fotografía de Luis Cuadrado. En ese paisaje se encuentra un microcosmos familiar donde sus elementos se contraponen, especialmente en la relación entre el matrimonio; inexistente y sin ningún tipo de comunicación, y entre las hermanas; una (Isabel) pragmática, y otra (Ana) soñadora. Pero también existen dos mundos entremezclados: la adultez y la niñez. Ambos, tan cerca pero tan distantes, perfilan las bases de esta historia tan sencilla y compleja a la vez que encierra una crítica a un régimen sombrío y turbio.
Las calles de un paisaje yermo teñido de una oscuridad iluminada abren las puertas de la imaginación a través de la proyección del Dr. Frankenstein. La sesión de cine en la sala desolada y maltrecha, pero eficaz, hace que niños, adultos y mayores encuentren un alivio a sus penurias. Mientras Fernando, el padre, continúa ensimismado en sus tareas de apicultor. La voz en off de Teresa, su mujer, con una carta de amor a su amante, nos avisa de la distancia insalvable entre ambos. 
Amor perdido e indiferencia. Escritos inacabados sobre la cría de abejas y aroma de desaliento. Escuela franquista y don José (impensable una doña Josefa o un don José con pene). La casa aislada y la invocación al espíritu. El maquis. La muerte siempre presente en la conciencia de Ana. Su enfado, su rebeldía y su huida. Todo queda en suspenso en un lugar concreto y en un espacio de tiempo determinado. La mirada enigmática de Ana, mirando a la nada, con un significado misterioso y preclaro, a la vez, resume el espíritu poético y filosófico —previo a la autoconciencia— que trata de averiguar el sentido de la vida.

EL ESPÍRITU DE LA COLMENA. 1973. España. Color. 94 Min.
Dirección: Víctor Erice
Intérpretes: Fernando Fernán Gómez, Ana Torrent, Teresa Gimpera, Isabel Tellería, José Villasante, Ketty de la Cámara, Estanis González, Juan Margallo, Laly Soldevila, Miguel Picazo
Guion: Angel Fernandez Santos, Víctor Erice
Música: Luis de Pablo
Fotografía: Luis Cuadrado

viernes, 1 de mayo de 2026

(5) EL ÁNGEL EXTERMINADOR, de Luis Buñuel (1962)

  La imposibilidad de culminar
Englobar, diseccionar y analizar en noventa minutos de metraje todos los comportamientos psicosociológicos del ser humano solo puede estar al alcance de un realizador de la calidad de Luis Buñuel. El ángel exterminador es un film analizable —repleto de infinidad de lecturas— que gana en matices en cada visionado. Es un sugestivo cóctel de comedia, esperpento, drama y absurdidad surreal que da como resultado una ácida y mordaz crítica social enfocada en la alta burguesía
¿Cómo son nuestros comportamientos cuando entramos en una situación angustiosa tal como pasar de una vida de lujo a una de estrecheces? En la película, nuestras miserias quedan al descubierto y, desde lo más profundo de nuestro ser, aparecen nuestros demonios más escondidos.
El mecanismo psicoanalítico de no poder salir actúa como representación de la incapacidad por culminar aquello que tenemos entre manos, una especie de procrastinación que nos impide abrazar lo importante para arrinconarnos en lo superficial de nuestra existencia. 
Los protagonistas, dada la clase social a la que pertenecen, necesitan un orden y una racionalidad que den un sentido a sus cómodas vidas. Sin embargo, es entonces cuando aparece la abulia que —junto al caos que supone para ellos romper las rutinas categorizadas en sus esquemas mentales— les llevará hacia la más oscura irracionalidad (peleas, conjeturas, matar al anfitrión…). Al final, la posición exacta de cada uno de ellos (el orden antes mencionado) será una liberación momentánea (tal y como nos pasa en nuestro periplo vital).
La intuición (de los cocineros que salen antes de la cena), la repetición (diálogos y frases), los símbolos (animales, las imágenes oníricas y las patas de pollo) son constantes que Buñuel maneja de manera magistral en cada escena, simbolismo que ayuda a analizar los contrastes y complejidades que el ser humano encierra.
Obra maestra del realizador aragonés, atrayente e hipnótica, sujeta a multitud de interpretaciones.

LOS OLVIDADOS. 1962. México. Blanco y Negro. 90 Min.
Dirección: Luis Buñuel
Intérpretes: Silvia Pinal, Enrique Rambal, Lucy Gallardo, José Baviera, Augusto Benedico, Antonio Bravo, Jacqueline Andere, Luis Beristáin, Claudio Brook, César del Campo, Rosa Elena Durgel, Enrique García Álvarez, Ofelia Guilmáin, Nadia Haro Oliva, Tito Junco, Xavier Loyá, Ofelia Montesco, Xavier Massé
Guión:  Luis Buñuel, Luis Alcoriza
Música: Raúl Lavista
Fotografía: Gabriel Figueroa

Críticas de Luis Buñuel (clicar en este mismo enlace para leer las críticas)

lunes, 30 de diciembre de 2019

(5) LOS OLVIDADOS, de Luis Buñuel (1950)

  Esclavos de una sociedad desigual
La injusticia social acaecida a lo largo de los siglos en la historia de la humanidad es retratada magistralmente por Luis Buñuel a través de unas imágenes absolutamente estremecedoras. Ya desde los primeros compases el mensaje de la película es duro, crítico, directo y contundente, como bien muestra la voz en off que reza: “Las grandes ciudades modernas: Nueva York, Paris, Londres…, esconden tras sus magníficos edificios, hogares de miseria que albergan niños malnutridos, sin higiene, sin escuela, semillero de futuros delincuentes. La sociedad trata de corregir este mal, pero el éxito de sus esfuerzos es muy limitado. Sólo en un futuro próximo podrán ser reivindicados los derechos del niño y del adolescente para que sean útiles a la sociedad. México, la gran ciudad moderna no es excepción a esta regla universal. Por eso esta película basada en hechos de la vida real no es optimista y deja la solución del problema a las fuerzas progresivas de la sociedad.” 
La brillante puesta en escena refuerza aún más la denuncia que el director manifiesta en la historia con personas desamparadas —víctimas de la pobreza— sin más salida a veces que delinquir. Una podredumbre que impera en los lugares más recónditos de las calles representando las diferencias sociales existentes en su estratificación. De esta manera el poder hegemónico, autoritario e imperceptible en ocasiones, consigue su cruel objetivo, esto es: la lucha entre las propias personas con escasos recursos
Aunque el film rezume pesimismo existe en él un oasis en el desierto personificado el pedagogo, cuyo cometido es perseguir la utopía en forma de proyecto innovador, buscando, de esta forma, un mundo mejor a través de la restauración de los menores. No obstante, la pugna por sobrevivir se condensa en familias desestructuradas y carencias afectivas, en definitiva, en la esclavitud social a la que es sometida una gran parte de la humanidad. De ahí la vigencia de esta obra universal. De visión obligatoria.

LOS OLVIDADOS. 1950. México. Blanco y Negro. 88 Min.
Dirección: Luis Buñuel
Intérpretes: Alfonso Mejía, Roberto Cobo, Estela Inda, Miguel Inclán, Alma Delia Fuentes, Francisco Jambrina, Sergio Virel, Javier Amézcua, Efraín Arauz, Jesús García, Mário Ramírez
Guión:  Luis Buñuel, Luis Alcoriza
Música: Gustavo Pitaluga, Rodolfo Halftter
Fotografía: Gabriel Figueroa

Críticas de Luis Buñuel (clicar en este mismo enlace para leer las críticas): 
Las Aventuras de Robinson Crusoe (1954), El Río y la Muerte (1955), La Vía Láctea (1969), Tristana (1970), El Fantasma de la Libertad (1974)