Cambiar el pensamiento
Los pequeños detalles son los verdaderos constructores de los universos emocionales de cada persona. Nutren con pequeñas cucharadas terrenales el sentido de la existencia; sin embargo, una especie de nube inconsciente ciega su recurrente aparición. Solemos disfrutarlos, pero sin darles la importancia o el valor que realmente merecen. Esa carencia evaluativa nos priva del placer de gozar de manera completa cualquier acontecimiento, aparentemente nimio, que la vida nos presenta. Recuerdo leer hace muchos años en una revista a una mujer explicando que un disco de Serrat (no sé si era “Cada loco con su tema” o “Fa vint anys que tinc vint anys”) le salvó la vida. Por aquel entonces me preguntaba cómo era posible que un simple vinilo tuviera tanto poder vital. En este film ocurre algo parecido, solo que en vez de un plástico musical es un cerezo. Como decíamos al inicio: pequeños detalles alimentados de cotidianidad.La cinta narra la historia de un hombre de mediana edad que tiene en mente la idea de suicidarse y quiere encontrar a alguien, a cambio de una suculenta suma de dinero, para que lo ayude. En su propósito se encontrará con diversos personajes que tendrán que intentar asumir, siempre sin éxito, su complicada propuesta. Kiarostami presenta una historia supuestamente sencilla, una road movie por las colinas de Teherán donde el azar servirá a nuestro protagonista distintos candidatos para que le asistan en su extravagante empresa.
No se cuenta en la película qué le ocurre realmente ni qué le ha llevado a tomar esa decisión. Según él, es algo incomprensible para los demás porque nadie siente lo que él siente. Hasta que al final se cruza con el sabio taxidermista cuyo discurso —entre filosófico y psicológico y con una bella carga poética— haría aplaudir hasta a los mismos Sócrates, Beck y Pessoa. De este modo, para contrarrestarle en su intento por convencerle, le habla —de una manera llana pero muy rica en matices— del cambio de pensamiento como una salida catártica a los problemas incrustados en su interior; algo así como una reestructuración cognitiva, como se la conoce en psicología. Dichas referencias psicológicas, metafóricas y poéticas hacen de esta obra un fascinante estudio de la complejidad humana mostrando una sana y balsámica conexión entre naturaleza y vida.
El director también aborda muy valientemente el tema del suicidio, problema social rodeado de estigmas y tabúes que muestra a través de la excelente interpretación de Homayoun Ershadi. El espectador tiene el privilegio de ver cómo se comporta una persona que tiene decidido de antemano suicidarse.
Podríamos llegar a preguntarnos: ¿cómo ayudaríamos a este hombre para que cambiara de parecer? Porque el protagonista, dada su obstinación en que alguien se comprometa a darle tierra, otorga la oportunidad de ello a los que ofrece su convicción; sin embargo, la gran mayoría ejecuta el suicidio sin dar ninguna señal.
El sabor de las cerezas —bellísimo y poético título— es un film sosegado, ponderado, un canto a la esperanza de ser y de existir y, especialmente, de disfrutar de lo que tenemos al alcance de la mano. El final es abierto para que cada uno de nosotros reflexione acerca del milagro de vivir.
TA'M E GUILASS. 1997. Irán. Color. 98 Min.
Dirección: Abbas Kiarostami
Intérpretes: Homayoun Ershadi, Abdolrahman Bagheri, Afshin Bakhtiari,
Safar Ali Moradi, Mir Hossein Noori
Guion: Abbas Kiarostami
Fotografía: Homayon Payvar

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