viernes, 31 de julio de 2026

(3) EL MILAGRO DE ANA SULLIVAN, d'Arthur Penn (1962)

Determinación y educación
Nada es imposible con determinación. No sé dónde he oído esta frase; lo que sí sé, sin embargo, es que guarda una gran parte de verdad. La misma determinación que demuestra Anne Sullivan —la maestra contratada por la familia— a la hora de educar a Helen, una niña sorda y ciega que, dada su incapacidad para comunicarse, vive atrapada en su propio aislamiento. Con mucha perseverancia y esfuerzo, da la vuelta a la situación y hace entender a la familia que el verdadero problema no reside en su diversidad funcional, sino en una manera de educarla demasiado indulgente y condescendiente.
Impresiona observar el trabajo que realiza para transformar unos hábitos y unas costumbres profundamente arraigados en la personalidad de Helen. A pesar de los obstáculos que encuentra en su entorno, aplica una metodología meticulosa y planificada. Es un proceso lento, pero intenso, que va calando en la figura de la educanda. Por eso, considero que la película es —en este sentido— un auténtico ensayo de pedagogía.
Esta obra también tiene un desarrollo paulatino. Los sentimientos de los padres hacia la hija cambian cuando se dan cuenta de sus limitaciones. Hay un antes y un después de la llegada de Anne a la casa: ¿qué hubiera sido de la vida de Helen si no hubieran buscado ayuda? Los inicios son francamente difíciles, pero la situación cuenta con la baza de que Anne había sido también ciega en su infancia. Esto —y su pericia en la aproximación para construir y estructurar su personalidad— hará que su  esfuerzo tenga resultados. Además, en su proceso de enseñanza-aprendizaje se le da una importancia capital al lenguaje y a la comprensión de su significado, algo que Anne persigue obsesivamente. La oposición de los padres es cada vez más fuerte, más aún cuando se dan cuenta de que Helen ya obedece a las normas. Actos como abrazarla, mimarla o recompensarla con un dulce hacen que el proceso involucione. Por el contrario, actos tan forzados y tan eficaces a la vez como hacer entender y enseñar que Helen coma bien y doble la servilleta revertirán la situación. El poder de convencimiento de Anne es crucial y el llevársela dos semanas a la cabaña será determinante.
Todos estos aspectos reflejan un proceso progresivo que va de menos a más y acaba con éxito. Lo que demuestra la importancia de una educación especial de calidad. Ahora bien, estamos hablando de finales del siglo XIX, tiempo en el que estos temas estaban todavía en pañales.
El guion es una adaptación de la obra teatral homónima, aspecto que se manifiesta en la puesta en escena. Los elementos fílmicos se ajustan perfectamente a la trama: la atmósfera, la escenografía, la música y unas portentosas interpretaciones de Anne Bancroft y Patty Duke.
Me parece muy emocionante la última escena. Es el momento en que se produce el insight de la niña y en ese preciso instante se entrelazan la comprensión de las enseñanzas de la maestra y el amor incondicional de los padres.
La película está basada en una historia real, la de Helen Keller, quien continuó con la maestra hasta la muerte de ésta y se convirtió, además de en activista política, en la primera persona sordomuda en sacarse un título universitario. Publicó artículos y libros sobre su propia experiencia. Lo dicho: determinación y educación.

THE MIRACLE WORKER. 1962. Estados Unidos. Blanco y Negro.. 107 Min.
Dirección: Richard Linklater
Intérpretes: Anne Bancroft, Patty Duke, Inga Swenson, Andrew Prine, Kathleen Comegys, Victor Jory
Guion: William Gibson. Teatre: William Gibson
Música: Laurence Rosenthal
Fotografía: Ernesto Caparros

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